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Moverse alivia la fatiga crónica
 
ejercicio.jpg (2107 bytes)Tener una percepción errada acerca de una enfermedad puede ser el primer obstáculo para curarla. Esto es lo que frecuentemente les sucede a quienes padecen el síndrome de fatiga crónica (SFC), una enfermedad que afecta a un 2% de la población mundial, de las cuales el 75% son mujeres. Debido a que la mayor parte de los síntomas son físicos y su causa es aún controvertida, los pacientes suelen atribuirle un origen orgánico y se niegan a aceptar la influencia de factores psicológicos, con lo cual el pronóstico de cura se dificulta.

“Se demostró que una terapia psicológica combinada con ejercicios es efectiva para el tratamiento de adultos con fatiga crónica”, afirma Norberto Kriguer, médico neurólogo, miembro de la Asociación Americana de Fatiga Crónica y secretario de la Sociedad Argentina de Medicina del Sueño. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la edición de febrero de la revista médica British Medical Journal afirma que darle al paciente una explicación médica adecuada acerca de sus síntomas sería suficiente para convencerlo de realizar una rutina gradual de ejercicios que mejoren su condición.

Reconocer el síndrome de fatiga crónica

En los últimos veinte años el SFC ha empezado a ser reconocido en ámbitos médicos mundiales como una entidad clínica, y actualmente se lo considera un serio problema de salud pública. Según datos aportados recientemente por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, se estima que el SFC afecta a 183 de cada 100 mil personas entre 18 y 69 años. “Hay datos que indican que en las mujeres el SFC es más frecuente que la infección con VIH o el cáncer de pulmón”, enfatiza Kriguer.

Aunque las causas se desconocen, se observan comúnmente factores disparadores como el estrés y las infecciones virales, y se lo asocia con anormalidades en la función inmunológica y endocrinológica. Pero el problema se presenta a la hora del diagnóstico, debido a que los síntomas del síndrome de fatiga son heterogéneos e inespecíficos. “En ocasiones el paciente deambula entre médicos y tratamientos hasta que se llega a diagnosticar la enfermedad”, relata Pablo Arnold, médico del Servicio de Inmunología de Hospital Durand de Buenos Aires, Argentina.

El diagnóstico de la enfermedad se establece a partir de la presencia de una fatiga persistente o recurrente por más de seis meses, que no es el resultado de un ejercicio, que no se alivia con el descanso y que resulta en una reducción sustancial en los niveles previos ocupacionales, educacionales, sociales o personales. Además, el SFC se caracteriza por la aparición simultánea y recurrente de al menos cuatro de los siguientes síntomas: alteración de la memoria a corto plazo y de la concentración, dolores musculares y articulares, cefaleas, dolores de garganta, inflamación de ganglios, trastornos del sueño y una fatiga que dura más de 24 horas después de un esfuerzo.

Fuente: Miami Herald.com


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