Es más posible que un amor sólido y
profundo surja en una pareja que no se casa con ilusiones románticas, a que el amor
subsista por largos años cuando dos seres se unen en matrimonio porque se aman
profundamente.
¿Se puede encontrar en verdad la felicidad en el matrimonio, si no se ama al
cónyuge? Si resulta tan difícil de soportar todas las fricciones y las múltiples
irritaciones que produce la convivencia, cuando se ama a la otra persona, ¿no resulta
imposible hacerlo cuando no se le ama?
El amor es una de las emociones menos confiables que puede experimentar el ser
humano dice una investigadora conductista. La mayor parte de las parejas van
al matrimonio llenas de falsas expectativas, de engañosas ilusiones sobre lo que pueden
esperar de la unión, todas inspiradas en ese sentimiento llamado amor.
Los enamorados esperan tanto del ser amado y de la vida a su lado, que la realidad casi
siempre los defrauda. Y lo mismo se aplica al hombre que a la mujer.
En cambio, las parejas que se casan sin amarse, pero con muchos otros puntos de
coincidencia entre ellas, no llevan ilusiones románticas, sino una actitud muy práctica,
que incluye la aceptación de muchas limitaciones por parte de su cónyuge, que no
resultan fáciles para una persona enamorada.
Por ello resulta más fácil que subsista un matrimonio en el que los cónyuges no se
aman, que uno en el que los cónyuges llegan al altar amándose en forma apasionada. El
amor se desilusiona, la pasión se va consumiendo, y si sólo existieron esos dos factores
para unir a la pareja, el matrimonio se desmorona en pocos años.
LOS OTROS ELEMENTOS VITALES
¿Qué es, entonces, lo que mantiene unidas a las parejas que llegaron al altar sin amor y
sin ilusiones, y que se mantienen sin ellos a través del tiempo?
En una famosa clínica de orientación matrimonial, que se ha unido a un grupo de
investigadores de la conducta social del ser humano, en la ciudad de Nueva York, se ha
llegado a las siguientes conclusiones, basadas tanto en el estudio histórico de muchas
parejas famosas, como en las entrevistas a centenares de parejas contemporáneas:
Un matrimonio sin amor puede llegar a ser sólido y feliz durante toda la vida de los
cónyuges, si éstos reúnen ciertas condiciones:
Pertenecen a la misma clase social, económica y cultural.
Tienen intereses muy semejantes: practican los mismos deportes, pertenecen a los mismos
clubes, tienen hobbies parecidos.
Tienen gustos parecidos en cuanto a ropa, viajes, comida, música, arte, etcétera.
Sus amistades son casi las mismas.
Tienen un buen entendimiento sexual.
Aman a los hijos que llegan a tener.
Tienen valores morales y espirituales semejantes.
Saben divertirse juntos.
Ríen juntos a menudo.
Coinciden en metas y ambiciones para el futuro.
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Cuando se reúnen todas estas condiciones, o la mayoría de ellas, estos matrimonios
pueden ser sólidos y felices. No hay la menor duda de que entre ellos suele surgir un
gran cariño, basado en la admiración y el respeto mutuos. Pero es una emoción muy
diferente al amor apasionado y romántico con el que se unen muchas parejas y que suele
irse esfumando ante la presión de los problemas cotidianos.
:: Los matrimonios arreglados
El éxito que han tenido muchos matrimonios arreglados por las familias de los
cónyuges estriba precisamente en que ellas buscaron muchas de esas coincidencias que los
psicólogos modernos consideran indispensables para el buen entendimiento dentro de una
pareja.
Esa lección debía servir a las parejas que se casan por amor. Ningún amor, por
apasionado y profundo que parezca en la etapa anterior al matrimonio, resiste las
presiones que éste produce, sobre todo cuando hay grandes diferencias sociales,
económicas, culturales, de carácter e inclinación, entre los cónyuges.
Todos esos factores en los que coinciden los cónyuges son cimientos sobre los que va
fundándose un buen matrimonio.
En cambio, no lo son las fantasías, los ideales, las altas expectativas que lleva consigo
el amor. Por el contrario, cuando la cruda realidad los va desmoronando, se desmorona con
ellos el amor.
Sin embargo, las pocas parejas privilegiadas que tienen la fortuna de tener el amor y las
coincidencias, salpicadas con un alto grado de comprensión mutua, son las que forman
estos matrimonios que parecen haber sido planeados en el Paraíso, por Dios mismo.
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