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Las
reglas para el 'amor eterno' |
Espérate un momento; vamos a bajar a la realidad: ¿Tú, de
qué lado de la cama duermes? El joven novio pone cara de
sorpresa ante pregunta inesperada. Y continúa el
interrogatorio.
El cepillo de dientes, ¿lo dejas sobre el lavabo o en un
vaso? Ante la perplejidad del asediado, otro atacante toma su
turno y le dice: "Hasta ahora has hecho lo que te da la
gana, pero dentro de poco vas a tener que preguntarle a ella
qué opina; yo, por ejemplo, no puedo andar sin camiseta por
la casa".
-Y eso no es nada -interrumpe otra voz desde una boca cubierta
con bigotes entrecanos- ¿cuántos hijos quieres tener?
"Dos o cuatro, no me gustan los números impares",
contesta el joven.
-¿Y si ella quiere uno, tres o cinco? El prometido pasa
saliva y escucha entre amedrentado, incrédulo y sonriente. El
consejo de los sinodales que circundan a nuestro joven amigo,
deja algo que desear en cuanto a las actitudes con las que un
novio bien intencionado pretende comenzar su nueva vida.
Y ante la cara de asustado del inocente galán, los viejos con
un olfato refinado lo serenan: -No te preocupes, muchacho; en
este momento también a ella la deben estar aconsejando.
A pesar que este "interrogatorio" del consejo de
ancianos parece tener el único fin de asustar al futuro
contrayente
, en realidad tiene su parte
positiva: bajarse de la nube para aclarar ciertos términos
importantes antes del matrimonio.
Una
relación es como una planta a la que hay que cuidar día
con día y fortalecer con respeto y tolerancia. |
De novio a esposos
Existen algunos elementos que pueden volverse significativos
cuando pasa un día y otro, un año y otro, y se tiene que
convivir con la pareja aceptándola en sus pequeñas manías y
defectos.
Dejar la pasta de dientes abierta o cerrada, dormir del lado
derecho o del izquierdo y detalles por el estilo, podrían
convertirse en motivo de sufrimiento e incluso de
distanciamiento entre los dos si se dejan afectar por ellos,
pero no son esenciales.
Eventualmente, se puede dejar el cepillo de dientes dentro del
mueble del baño y con esto ni la realización personal ni las
convicciones van a perderse.
Pero otros aspectos sí resultan esenciales, y en caso de que
no se lleguen a un acuerdo antes, pueden llegar a quebrar a un
matrimonio.
Para un matrimonio feliz
El futuro de un matrimonio no puede predecirse, éste dependerá
de muchas circunstancias: algunas fuera del alcance de los
contrayentes y otras que pueden ser vistas y arregladas meses
antes de emprender juntos la nueva etapa de la vida.
-- Determinar ciertas "reglas del juego": llegar a
unos puntos de acuerdo que no indican desconfianza, sino
sensatez y realismo.
Aquí entran esos elementos esenciales, entre los que se
encuentran las convicciones religiosas; el método de
planificación familiar y el número de hijos que planean
tener; el tipo de educación y escuela que quieren para ellos.
Además de esos elementos, pueden ponerse en la mesa de
discusión otros que, aunque no sean esenciales, pueden
afectar la relación bajo ciertas circunstancias. Por ejemplo,
las responsabilidades de cada uno dentro del hogar.
-- Examinarse personalmente y como pareja, para determinar las
actitudes con las que comenzarán la construcción de su
futuro.
Así como es importante aclarar elementos esenciales que
escogerán juntos, así también las actitudes básicas
resultan muy significativas, porque cada uno sabrá qué
esperar del otro y de la pareja en conjunto.
Es importante platicar y cuestionarse: ¿Es para mí el
matrimonio una unión definitiva? ¿En qué medida me
interesan del matrimonio el aspecto unitivo (relación entre
la pareja) y el procreativo (proyección y trascendencia a
través de los hijos)?
¿Qué significan los hijos para mí: un resultado necesario,
un bien planeable, una carga soportable, un fruto y
consolidación del amor conyugal? A veces los esposos llegan a
ponerse de acuerdo en el tipo de escuela, el método de
planificación familiar o las convicciones religiosas que
prevalecerán en la familia, pero hasta que no se identifiquen
en las actitudes básicas mencionadas en el párrafo anterior,
no encontrarán la plena satisfacción y realización de
ambos.
Si planean casarse
Cuando se tienen planes de casarse, vale la pena darse tiempo
para escuchar a la gente que más se estima, incluso a un
grupo de "sabios viejos" como el que describimos
arriba, que seguramente hablarán porque quieren compartir su
experiencia para bien con los futuros consortes.
Que no baste verse, salir juntos o pasar un rato en una
actividad. Es importante platicar de lo que les interesa.
Afrontar ahora los temas que de todos modos después van a
aflorar.
Así, el amor que se juren el día de la boda será por lo
menos consciente y, debajo de las burbujas de ilusión y
entusiasmo que conlleva todo inicio, habrá un fundamento más
sólido que sostenga la relación cuando vengan las
dificultades.
Sólo así se habrá pasado una prueba más difícil que la
del cepillo de dientes.
El autor es catedrático de la Licenciatura en Ciencias de la
Familia en el Instituto Juan Pablo II y consultor de empresas.
Fuente: Soloellas.com STAFF
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