l temor a conducir se genera normalmente, por dos causas: accidentes de
tráfico que dejan secuelas físicas, síquicas o malas experiencias cuando se
comienza a manejar...
Puede ser que a usted y a mí nos parezca raro que pueda existir el miedo a
manejar, a algo ya tan natural como sentarse tras el volante y circular a
bordo de nuestro auto; lo cierto es que, aunque en poca medida, existe la
llamada amaxofobia; palabra que viene del griego phobos (fobia, temor) y
amaxa (carruaje).
Y es que así como hay gente que teme viajar en avión o en barco también hay
gente que rehuye no sólo manejar sino sólo viajar en automóvil.
Y tal vez para usted sea más aceptada la negativa del miedo “a volar”, ya
que la acción es considerada más riesgosa y antinatural, (aunque las
estadísticas marcan lo contrario respecto de accidentes terrestres versus
aéreos) pero ¿no es cierto también que al manejar un auto la total seguridad
no depende sólo de uno mismo sino del entorno y de quienes lo rodean?
Por ello, el miedo a conducir se genera normalmente, por dos causas:
accidentes de tráfico que dejan secuelas físicas o síquicas o malas
experiencias cuando se aprende a conducir y aunque no hay estadísticas
exactas, pero algunos especialistas del sector estiman que esta fobia afecta
a cerca de 1.2% de las personas que han obtenido la licencia de conducir,
siendo generalmente mujeres de entre 30 y 40 años, que llevan mucho tiempo
sin ponerse al volante y que, por necesidades laborales o personales, tienen
que volver a hacerlo.
Esta fobia a la conducción se traduce en la sensación de pérdida de control
sobre el vehículo y en la idea de no ser capaz de desenvolverse con
solvencia en el tránsito diario. Estas personas normalmente acuden a las
autoescuelas para recibir clases de “reciclaje”, ya que identifican el miedo
con no saber lo suficiente o con ser malos conductores, pero este también se
da en gente que es muy buena al volante. Hay casos en los que controlan muy
bien el coche pero lo que no controlan es el miedo.
Y es aquí donde el problema se agranda, ya que la escasa preparación de los
profesores para abordar problemas sicológicos no permite una adecuada
resolución del miedo a conducir. Al no poseer los medios adecuados, estos
instructores piensan que por practicar la conducción el problema se
solucionará solo.
Hay que observar muy bien las reacciones al volante, anticiparse y no
esperar a que se manifieste el miedo que influye en nuestra manera de
conducir.
Las personas que sufren amaxofobia no piensan con claridad, no se
concentran, interpretan todo como una agresión y valoran de distinta manera
el riesgo; así, efectúa maniobras evasivas, injustificadas y que no se
corresponden con la realidad.
Maneje su miedo
Saber conducir, y hacerlo habitualmente, representa en nuestra sociedad una
habilidad cada vez más necesaria. Muchas ofertas de empleo exigen el manejo
de un automóvil.
El desplazamiento de la población también implica, a menudo, el uso del
mismo. Sin olvidar que durante el tiempo libre viajar en automóvil suele ser
una actividad frecuente.
Por ello el objetivo es modificar las creencias negativas que impiden el
adecuado afrontamiento del tráfico. Para ello se recomienda trabajar en
ejercicios de relajación y desarrollar estrategias de autocontrol emocional
para superar el miedo. Así, tras adecuar las respuestas fisiológicas, dar
instrucciones de cómo manejar el vehículo y controlar las creencias
negativas, se enseña a planificar y a tomar decisiones ante situaciones de
tráfico.
Para acabar con la amaxofobia también es muy importante sensibilizar tanto a
los instructores de escuelas de manejo como a los familiares.
Los primeros no cuentan con las herramientas necesarias y, en muchos casos,
se le suma el nulo apoyo familiar: desde maridos superproteccionistas, que
no animan a superar el miedo —porque ellos tienen mucho más temor— e invitan
al conformismo con frases como “no te preocupes, yo te llevo”, hasta parejas
que hacen pensar a su mujer que es inútil al volante, cosa que no es cierta.
Los medios de comunicación también tienen su parte de responsabilidad. Basta
ver cómo alaban y ensalzan aquellos coches que derrapan y milagrosamente
continúan su camino. El mensaje se deteriora al asumir que los coches
parecen ser objetos vivos y el conductor puede fiarse de la tecnología y
olvidarse de su responsabilidad. Tampoco hay que olvidar las carencias de la
gente al conducir. Es preciso que entrenen aquellos ejercicios que menos
controlan; así, cuando vean que ya dominan la técnica, se sentirán menos
inseguros al volante
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Fuente: eluniversal.com.mx
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