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La respuesta al enigma de por qué unas personas son más
propensas que otras, podría deberse a su olor y, en concreto,
a la emisión de ciertas señales químicas
La respuesta al enigma de por qué unas personas son más
propensas que otras a las picaduras de los mosquitos podría
deberse a su olor y, en concreto, a la emisión de ciertas
señales químicas, según los resultados que acaban de
publicarse de la investigación de un equipo de científicos.
Los investigadores comprobaron que ciertas personas podrían
emitir determinados olores ocultos que impedirían que los
mosquitos las localizaran, y ese hallazgo podría abrir nuevas
vías para el desarrollo de productos repelentes frente a los
mosquitos.
Los científicos que han desarrollado esta investigación están
respaldados por el Biotechnology and Biological Sciences
Research Council (BBSRC) y ayudados por los resultados de
anteriores estudios científicos dirigidos por el profesor John
Pickett, del Rothamsted Research, en Hertfordshire.
El equipo investigador demostró que el volumen de moscas
concentradas en torno a una manada de reses dependía de
ciertas vacas y en concreto de ciertas señales químicas
emitidas y relacionadas con su olor.
En su estudio, los expertos analizaron esas señales químicas
expelidas por determinadas reses supuestamente sin atractivo
ante los insectos y vieron que, si esas vacas eran expulsadas
de la manada, aumentaba entre las restantes el número de
insectos congregados.
Como parte de la investigación, James Logan, miembro
investigador del BBSRC, trabajó junto con Jenny Mordue, de la
Universidad de Aberdeen, en el análisis de las reacciones en
el comportamiento de los mosquitos de fiebre amarilla frente a
los olores emitidos por un colectivo de voluntarios que
participaron en el estudio.
En el experimento, los mosquitos fueron colocados en un tubo
con forma de "y" con la posibilidad de moverse a lo largo de
cada una de las partes y por ambas fluía aire viciado con olor
de las manos de los voluntarios, explicó Logan.
Los resultados de su estudio sugieren que los distintos grados
de atracción de una u otra personas ante los mosquitos
dependería de la emisión por parte de los individuos de
ciertos componentes químicos.
Estos componentes actuarían como repelentes, pero también
podrían activar una ausencia de atractivo ante los insectos
mediante la ocultación de las partículas del olor humano que
originariamente habrían atraído a los insectos.
Esta teoría difiere de las conclusiones de investigaciones
anteriores en las que se sugería que la ausencia de atractivo
de ciertos individuos ante los insectos se debía únicamente a
la ausencia de componentes químicos atrayentes por parte de
algunas personas ante los mosquitos. "La identificación de
estos componentes clave y la comprensión de cómo funcionan
puede favorecer el desarrollo de nuevos métodos de protección
ante las picaduras de insectos", insistió Logan.
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