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El dolor de no sabe


“Cualquier cosa que haga me cuesta mas tiempo, tengo que sentarme y descansar cada 20 minutos, el dolor muscular me impide realizar mi actividad diaria, pero aunque me siento muy mal, no hay nada visible que indique mi enfermedad, puedo parecer sana y todos los estudios están normales. Si tu me miras pensarás que no hay nada mal en mi”.


Este es un comentario típico de una mujer con Fibromialgia, una enfermedad tan difundida como incomprendida que afecta la vida de millones de mujeres en el mundo cada día.

La importancia de conocer esta enfermedad es que en muchas ocasiones es confundida con otros problemas médicos y ginecológicos, y como afecta casi siempre a mujeres entre la cuarta y quinta década de la vida, es al ginecólogo a quien por lo general se acude por primera vez con estos síntomas.

Hablamos de una enfermedad que afecta en promedio a 2 de cada 100 mujeres en el mundo, que puede ser tan severa que ocasione una incapacidad para realizar las actividades diarias y tan poco conocida que se desconoce la causa. Se calcula que por cada 10 casos de Fibromialgia en una mujer se presentará un caso masculino.

¿Cuáles son las molestias más comunes?

El síntoma más frecuente es dolor en todo el cuerpo, la mayoría de las veces como una sensación de quemadura o “adolorida”. Presenta fatiga, falta de energía, con fuerza normal que puede ser más incapacitante que el dolor y trastornos de sueño, con sueño no reparador “amanece como si la hubieran apaleado” o simplemente problemas para conciliar el sueño. Otros síntomas pueden ir desde depresión, mareos, migraña, problemas gastrointestinales como colitis, diarrea y dolor durante periodos menstruales.

Pueden presentar problemas de concentración o intolerancia al frío. Existen ciertos puntos dolorosos o gatillos específicos que al presionarse producen dolor intenso como uno de los síntomas típicos.
 

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¿Como se diagnostica?

La base del diagnóstico es la historia clínica y la identificación de los puntos dolorosos, ya que todos los exámenes resultan normales. Es por este motivo que en ocasiones hace creer a los familiares y otros médicos no familiarizados con el diagnóstico que el paciente está fingiendo, lo cual provoca más desesperación a la paciente.

¿Por qué se presenta más en la mujer?

Esta diferencia se ha tratado de explicar en cambios que existen en la mujer en la transmisión del dolor, cambios hormonales relacionados al ciclo menstrual que modifican la percepción del dolor, mayores niveles de ansiedad y depresión en conjunto con mayores cambios de comportamiento como respuesta al dolor.

En buena medida estas diferencias entre hombre y mujer tienen una base biológica y sociológica, y no se conocen las implicaciones hormonales que facilitan este síndrome en la mujer. No es una enfermedad que hasta donde se conoce ocasione complicaciones a la madre o al bebé durante el embarazo, pero como es una enfermedad que también se presenta en mujeres jóvenes en edad reproductiva y la falta de reportes sobre casos de Fibromialgia durante el embarazo, hacen pensar que debe existir alguna relación de la enfermedad y el embarazo, ya sea que durante el embarazo se presente una mejoría real o que se confundan los síntomas de la enfermedad con los del embrazo normal.

Dentro de la causas se han determinado múltiples teorías como alteraciones bioquímicas de la serotonina, hormonas de stress, hormonas del crecimiento y percepción anormal del dolor.

El conjunto del tratamiento implica el manejo de diferentes especialistas médicos como reumatólogos, ginecólogos, rehabilitadotes y nutriólogos. Los síntomas pueden mejorar con medidas como el ejercicio aeróbico, técnicas de relajación, modificaciones del estilo de vida, apoyo psicológico, técnicas para reducir el stress, terapia de grupo, tratamiento farmacológico a base de antidepresivo relajantes musculares, analgésicos y terapia para el sueño.

No se conoce en la actualidad la causa específica de la enfermedad, el porqué afecta más a las mujeres. Sin embargo la investigación en este sentido continúa y siendo una enfermedad que tan fácilmente se puede confundir con otros problemas, ante un cuadro similar al que describimos debes de comentar con tu médico la posibilidad de este diagnóstico.


Inestabilidad y su medicación


Daniel P. Cardinali dice, a su vez, que “los trastornos originados en el viajero por los vuelos transmeridianos, los desajustes emocionales que suelen acompañar la llegada del invierno y las perturbaciones que experimentan quienes deben cumplir turnos rotativos de trabajo prueban la existencia de tales relojes biológicos, en fase con los ciclos geofísicos” (“Cronobióticos: cómo mover los engranajes del reloj biológico humano”, Scientific American Latinoamérica, núm. 2, junio 2002).

Entre los trastornos característicos del organismo se encuentra el jet-lag, propio de las personas que realizan viajes transoceánicos. El síntoma aparece después de atravesar varios husos horarios en un día. La alteración del sueño, los problemas gastrointestinales, la disminución de la atención y el sentido de alerta, además de cierto decaimiento general.

“Típicamente, la persona que sufre el jet-lag se siente cansada en un cierto momento del día y tiene dificultades para conciliar el sueño o para levantarse temprano. Este último hecho incrementa la sensación de fatiga y conduce a dificultad de concentración, con cefaleas y otros trastornos. El apetito disminuye y las comidas son difíciles de digerir, pues se hacen en momentos que el organismo no está preparado para la digestión”, acota Daniel P. Cardinali en el artículo mencionado.

Otro trastorno es la depresión invernal, común en los países nórdicos, debido a la falta de luz solar durante el invierno. En este sentido, Hugo Aréchiga dice que las reacciones depresivas pueden ser tan graves como para desembocar en suicidios. Al aclararse el origen del padecimiento en la falta estacional de luz, ha podido corregírsele administrando pulsos luminosos a ciertas horas del día, correspondientes a las fases del foto-periodo más sensibles a las influencias sincronizantes del ambiente (“Los ritmos biológicos en la salud y la enfermedad”).

En el caso de la enfermedad de Alzheimer, 40 por ciento de los pacientes presenta alteraciones de sueño, como la llamada agitación vesperal, que conlleva mínima capacidad de atención, pensamiento y discusión desorganizados, perturbaciones motoras, deambular errático y conductas asociadas con perturbaciones perceptivas y emocionales.

Para el tratamiento de este tipo de enfermedades se recomienda medicamentos conocidos como “cronobióticos”. Tales fármacos pretenden estabilizar el reloj circadiano, alterado por causas intrínsecas (envejecimiento, ceguera, enfermedad mental) o causas externas (jet-lag, trabajo en turnos rotatorios). La melatonina es el ejemplo típico de cronobiótico utilizado en situaciones controladas.

Corrige, por ejemplo, los trastornos de sueño en ciegos. Se ha encontrado que su medicación también mejora los síntomas del jet-lag. Respecto del envejecimiento, Daniel P. Cardinali anota: “Si la deficiencia de melatonina es causa más que marcador del insomnio, el reemplazo mediante la administración exógena de melatonina debiera ser benéfico. En los jóvenes es dudoso. En cambio, en pacientes viejos, en quienes existe demostrable insuficiencia de melatonina endógena, el tratamiento con melatonina tiene efecto terapéutico”.

De esta manera, aplicar criterios cronobiológicos para administrar medicamentos o agentes físicos, con la pretensión de reducir los efectos colaterales indeseables, es la idea central de la llamada cronoterapia. A tal grado se ha expandido la importancia del tema, que en la actualidad ya se habla de especialidades como la “cronocardiología” o “crononeurología”, además de la “cronofisiología” o “cronofarmacología”.

Así es como la cronobiología y los mecanismos de tiempo, concluye Hugo Aréchiga, “proporcionan nuevos instrumentos de análisis y tratamiento en los trastornos del sueño y contribuye notablemente al conocimiento y tratamiento de padecimientos psiquiátricos

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Fuente: eluniversal.com
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