Lo peor de recibir a amigos y familiares en casa es recoger todo aquello que
antes se había preparado con mimo y esmero. Tener la casa dispuesta a los
ojos de las visitas, aunque sean de confianza, no es sencillo, y pulirla de
nuevo después de que un grupo numeroso se ha ido es una tarea pesada. Lo
mejor es disponer de pequeños trucos que alivien el trabajo.
La cocina es un punto neurálgico en estos días. Es el lugar donde se
preparan cenas y comidas, y termina convirtiéndose en otro de los puntos de
reunión, que la estancia esté en su punto es tarea de los días previos,
después será cosa de ir retocando.
Las juntas de los azulejos y del pavimento de las cocinas es una de las
obsesiones más comunes. Limpiarlas con detenimiento lleva más tiempo de lo
que duran sin mácula, pero todo es cuestión de elegir bien con qué
suprimirlas. Las manchas oscuras a causa de la humedad se eliminan con dos
cucharadas de jabón en escamas y una de alcohol. Una mezcla de pasta con
tiza común, alcohol y agua resulta un método muy efectivo para que luzcan
como la nieve.
El microondas se ha convertido en un elemento imprescindible de algunas
cocinas. No requiere un mantenimiento complicado para que realice con
eficacia cada una de sus funciones. Si su aspecto exterior debe conservarse
impoluto no digamos el interior. Un método muy eficaz y natural para
limpiarlo es introducir dentro un recipiente con agua caliente, al que se le
añade medio limón. Se deja hervir el agua hasta que produzca una buena
cantidad de vapor, después se pasa un trapo húmedo para que quede perfumado
y reluciente.
Los guisos dejan los quemadores mates, la grasa se adueña de sus poros. La
estética es fundamental, pero la higiene es prioritaria. Si el uso es
reciente basta frotarlos con limón. Si por el contrario, se encuentran con
suciedad acumulada conviene sumergirlos con una mezcla de lejía o vinagre y
agua caliente. Se pueden dejar una noche entera a remojo hasta que la
suciedad se ablande. Después es suficiente pasar un trapo jabonoso y aclarar
con agua abundante. Hay que secar bien los orificios para no obstruir la
salida uniforme del gas.
El refrigerador ha sido ese almacén en el que han convivido carnes,
pescados, mariscos y un millón de olores que se han quedado adheridos a sus
paredes. Para evitar que puedan volver a fijarse, y se mezclen los olores,
uno de los trucos es colocar en el interior de la nevera un recipiente con
un poco de leche, aunque surte el mismo efecto un tarro con bicarbonato e
incluso un trozo de carbón vegetal.
La mesa a punto
Los candelabros no son sólo un elemento decorativo para veladas románticas.
Se pueden utilizar para cualquier tipo de cena y comida, concediendo así un
toque más íntimo y personal al encuentro. Es muy difícil que los restos de
cera queden sobre su base y el pie. Para dejarlos como el primer día,
independientemente de sus características: plata, cristal, bronce o hierro
forjado, lo mejor es introducirlos en el congelador durante el tiempo
suficiente para que se congele la cera. Después saldrá con una facilidad
increíble y dejará el candelabro sin restos.
Quién no ha ido a poner los vasos en la mesa y se encuentra con la sorpresa
de que están encajados de tal manera que es imposible soltarlos sin que el
cristal se resquebraje, con el peligro de cortarnos. Darles un pequeño
golpe, aunque sea envueltos en un paño, suele ser la más efectiva para
quedarnos sin vasos. La solución más rápida es ponerlos bajo el grifo de
agua caliente justo en la zona por la que están unidos para que se suelten.
Si el problema se complica, una buena manera de conseguirlo es colocarlos en
un recipiente con agua caliente e introducir cubitos de hielo en el vaso de
arriba. De este modo, el de abajo se dilata y el de arriba se contrae, lo
que facilita la separación.
Brindis y más brindis. La cristalería es una de las piezas estrellas en
cualquier celebración. Los lavavajillas tienen un programa demasiado largo
para estos elementos tan delicadas, pues resulta demasiado caliente y se
producen demasiados e innecesarios cambios de temperatura que deterioran las
piezas.
Las cristalerías más refinadas es mejor lavarlas a mano con sumo cuidado. Si
han perdido el brillo puede que tenga relación con la cal del agua. La
solución está en aplicarlas polvos de ácido cítrico en lugar de detergente,
o bien el tan socorrido amoniaco.
Si las copas están bañadas en plata, o en su decoración tienen algún filo
dorado es suficiente limpiarlas con un paño seco.
Tapicerías
Mantener los sillones y las sillas de uso frecuente libres de polvo y el
cuero bien nutrido y limpio requiere tres simples cuidados que garantizan su
duración. El aspirador es el instrumento ideal para extraer el polvo de los
rincones más difíciles de las tapicerías. Cada quince días, hay que limpiar
el cuero con un paño embebido en esencia de trementina, dejándolo actuar y
puliéndolo más tarde con una gamuza de lana.
La pasamanería que sirve de remate en cortinas y alfombras en forma de
cordones o galones, atraen más polvo que el resto de la pieza por lo que
precisan una limpieza más regular. Los cordones, vivos y galones se limpian
con una mezcla a partes iguales de agua y amoniaco; luego se pasa un cepillo
húmedo por los pliegues y dibujos de la pasamanería. Así se conseguirá un
aspecto impecable.
Si en el trasiego de platos ha caído una mancha de aceite sobre la moqueta,
espolvoree unos polvos de talco, y deje actuar un rato. Frote después con un
paño y lave con un champú para alfombras.
Fuente: Soloellas.com
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