La conducción nocturna tiene ventajas e
inconvenientes. Hay poco tráfico y en verano permite viajar sin el agobio
del calor o del aire acondicionado. Si se consigue conducir relajado, la
noche reporta muchas satisfacciones. Los principales problemas que se tienen
son la peor visibilidad y los deslumbramientos
1. Limpiar bien el parabrisas por dentro y por fuera. Nunca se aprecia
demasiado, pero el parabrisas se ensucia por dentro con mucha facilidad y
esta capa de polvo dificulta mucho la visión con el sol de frente, y en la
oscuridad con faros de otros coches. Un cristal bien limpio por dentro y por
fuera contribuye a ver mejor y, por tanto, a conducir con menos tensión y
menor cansancio.
2. Limpiar también el cristal de los faros. Especialmente en verano, las
paradas no deben venir marcadas por la necesidad de repostar combustible
sino por la necesidad de ver bien.
Limpiar los faros y el parabrisas con frecuencia alivia el esfuerzo para
ver. También de día es imprescindible limpiar el parabrisas a intervalos
cortos, cuando se ensucia con insectos.
3. Regular bien los faros un par de veces al año. Muchos coches tienen un
dispositivo para variar la altura desde el interior, pero no basta. También
hay que regular los proyectores lateralmente, para dirigir el haz de luz
hacia los lugares adecuados.
4. Llenar bien en cada parada el depósito de líquido del limpiaparabrisas.
En verano, agua sola suele bastar. Si se le añade algún detergente mejora
algo su capacidad de limpieza. En invierno, en algunas zonas, es
imprescindible utilizar un producto con propiedades anticongelantes. Los
cristales se ensucian normalmente por polvo o por insectos.
El polvo puede limpiarse en cualquier momento, porque el agua se lo lleva.
En cambio, cuando chocan insectos en el campo de visión, es mejor accionar
el limpiaparabrisas inmediatamente, antes de que se quede reseco en el
cristal, ya que entonces es imposible limpiar bien el parabrisas hasta que
no se para el coche y se le da con cepillo, agua y jabón.
5. Reducir bien la velocidad antes de accionar el limpiaparabrisas y esperar
a que no vengan coches de frente. Entre el chorro de líquido y el polvo que
se forma, la visión puede quedar reducida a nada durante unos segundos,
especialmente de noche. Muchas veces es conveniente poner El Limpia a su
máxima frecuencia de barrido. Presionar siempre primero el botón del agua
(cuando sea posible) y accionar después el limpiaparabrisas para que no se
raye el cristal.
6. Reducir la intensidad de luz del cuadro de instrumentos. Cuanta más luz
haya en el interior del coche, peor se ve la carretera. En los coches que
admiten regulación, la información suele verse bien con la mínima
iluminación.
7. Poner las luces de carretera (altas) en cuanto se despeje el panorama.
8. Llevar sólo las luces de cruce (bajas) conlleva peor visión y mayor
cansancio. Pero con cautela. Incluso a mucha distancia, las luces de
carretera pueden molestar a los que vienen de frente. La prudencia es la
mejor forma de no molestar a nuestros compañeros de carretera y por tanto de
no ser molestados.
9. Si el coche que viene de frente nos deslumbra, lo único que se puede
hacer es aminorar la velocidad y mirar la raya de la parte derecha de la
carretera, muy cerca del coche. Estar pendiente para conectar las altas, si
no viene nadie más de frente, en cuanto haya cruzado el coche que molesta.
El instante después es el peor de un deslumbramiento, porque los ojos están
cegados.
10. Girar la cabeza hacia la derecha y cerrar el ojo izquierdo contribuyen a
dejar de ver en breve los faros del coche que nos molesta.
Las luces de los otros coches son muy útiles como referencia en la
conducción nocturna. Guiarse por los pilotos del auto que nos precede a 50
metros resulta más sencillo que adivinar el trazado de las curvas. Pero hay
que tener cuidado por diversos motivos. Uno es que en muchas carreteras lo
que parece recto no lo es.
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Habitualmente, al circular de noche, se ven unos faros o unos pilotos a lo
lejos, que se desplazan justo por delante de nuestro coche y en la misma
dirección. El conductor va relajado, porque cree que su coche y ese lejano
que se ve en la misma dirección están unidos por una recta.
De pronto, se encuentra con una curva, apenas avistada, porque lleva las
luces bajas para no molestar a esos coches que le sirven de guía.
Lo que sucede es a la vez curioso y muy frecuente. Entre las dos rectas
perfectamente alineadas, puede haber varias curvas. Incluso un valle y un
puente abajo, cuya carretera al remontar enlaza con la recta que se veía al
principio. Es por tanto una situación peligrosa. Los pilotos de otros coches
ayudan como referencia pero conviene estar al tanto cuando se encuentran
alejados
Fuente: eluniversal.com.mx
Nota: Las páginas se abrirán en una nueva
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