Los
percances viales obedecen a una serie de factores que los hacen muy
complejos, pero lo cierto es que éstos no son accidentales ni se producen al
azar, sino que resultande una secuencia de eventos que los desencadenan
El estado del tiempo, las condiciones del camino y del vehículo así como la
señalización vial son algunas de las causas que pueden influir en el
desenlace de un accidente.
No obstante, entre todos esos factores, la condición y capacidad de quien
maneja es uno de los más importantes.
Es por ello que a medida que se modifiquen las actitudes se irán modificando
las situaciones. Pero sólo la educación es la única que puede llegar a
promover esos cambios, en los cuales todos los sectores tendrán que
participar.
Empecemos por nosotros mismos
Desde el momento en que nos sentamos frente al volante, aún dentro del
garaje, ya comienzan nuestras responsabilidades, y si no tomamos conciencia
de eso nos faltará la predisposición necesaria para dar nuestro aporte.
Conducir es una acción que siempre requiere estar atentos.
En un viaje ello se logra con un buen descanso previo, sobre todo si se es
trabajador del volante, lo mejor será planificar las detenciones cada dos o
tres horas como máximo para reducir la fatiga que puede provocar accidentes.
Hacer conciencia sobre nuestros propios actos es fundamental desde el
momento mismo de arrancar el auto; y así comprender que no se debe iniciar
la primera marcha del coche sin habernos colocado el cinturón de seguridad,
es un gran paso. El hecho de no abrocharlo, en caso de choque, nos expone
directamente al golpe que en la mayoría de los casos resulta fatal.
Ya hemos sostenido que manejar no sólo es salir con el automóvil, pisar el
acelerador y frenar. Una postura correcta durante el trayecto nos dará la
libertad suficiente para girar el volante y accionar los mandos. Sentirnos
cómodos nos brindará la posibilidad de reacción ante cualquier imprevisto.
Otro tema a superar es entender que la visita al mecánico debe ser una
rutina y no la exigencia fastidiosa y onerosa del gobierno que nos impone la
revisión técnica para "pasar" la verificación ambiental.
Ofrezca el mismo trato para que así usted reciba una respuesta idéntica
Citas y frases sobre este aspecto abundan: “Lo que siembras, cosechas”; “Así
como me trates, serás tratado”; etcétera.
El respeto de uno hacia las demás personas que circulan por calles y
avenidas pudiera ser que de momento no se experimente esa reciprocidad
positiva, pero si todos y cada uno empezamos poco a poco a ceder y tolerar a
los de nuestro alrededor, esto se volverá recíproco con acciones como dar
prioridad al peatón, ceder el paso en los cruces, evitar el uso excesivo del
claxon, armarse de paciencia contra conductores lentos o de tercera edad, no
acelerar más al observar la luz ámbar del semáforo, etc. Es decir, llevar al
cabo las acciones de un manejo solidario para con los demás desembocaría en
menos accidentes y conflictos viales.
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Hay muchas cosas que podemos hacer por mejorar la seguridad vial. Podemos
mejorar los automóviles, haciéndolos menos riesgosos y menos agresivos para
los ocupantes, y podemos mejorar el diseño y construcción de rutas y
autopistas construyéndolas de manera que hagan el tránsito más eficiente y
con buena señalización para darle mayor fluidez, pero todo ello debe ir
acompañado de una postura oficial que tenga en primer lugar a la educación
vial, que destine recursos a los controles y al mejoramiento de los caminos
y que brinde el marco jurídico suficiente para hacer cumplir las
obligaciones, pero sobre todo hacer valer el derecho fundamental a la vida.
Fuente: eluniversal.com.mx
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