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¿Podemos acabar con el estrés nosotros mismos?
Despertador, ducha, desayuno, ropa, atasco, cigarrillo, oficina,
bar, supermercado, televisión, cena, sueño inquieto
fuente:www.soloellas.com

Y al día siguiente, vuelta a
empezar la carrera cotidiana, a toda prisa, sin descanso, sin
parar. Es el vertiginoso ritmo de vida de las ciudades, que
desencadena uno de los cuadros más frecuentes en las consultas
médicas y psicológicas, el omnipresente estrés.
“Cuando el estímulo del estrés invade los canales nerviosos y
energéticos del organismo, éste puede acabar por responder
negativamente y pasar una factura importante a la salud, en algún
momento de la vida”, señala a EFE-Reportajes el doctor Santiago de
la Rosa, médico naturista, homeópata y acupuntor, autor del libro
“El estrés, conózcalo y sepa tratarlo” (Septem, 2004).
“Cuando padecemos estrés o sus secuelas podemos notar una serie de
síntomas que van desde nerviosismo, preocupación, ansiedad, fobia
y neurosis de ansiedad, hasta miedo, fatiga crónica e insomnio:
una cascada de acontecimientos que nos afectan diariamente y muy
de lleno, sin que lo percibamos aún, en muchas partes del
organismo”, explica el experto.
En su última fase, llamada de extenuación, los síntomas del estrés
se manifiestan como enfermedades, debilidad, dolor de cabeza,
adelgazamiento y estados depresivos. Caen los niveles de vitaminas,
minerales y oligoelementos en el organismo, comienza a dañarse el
sistema inmunitario y, si no se remonta la situación, se entra en
el Síndrome de Fatiga Crónica ó SFC.
“El SFC es la enfermedad o manifestación patológica más conocida
del final del estrés, aunque en algunas personas, sobre todo
mujeres, se puede imbricar con otro padecimiento denominado
fibromialgia, una combinación de dolor muscular, cansancio y
depresión”, señala el doctor De la Rosa.
Remedios naturales para días fatales
¿Podemos acabar con el estrés antes de que acabe con nosotros?.
Para este médico naturista la respuesta es afirmativa, “siempre
que uno se lo proponga” y para conseguirlo propone los siguientes
antídotos naturales contra este epidemia silenciosa:
· Imagine una situación de calma ¿Hierve por dentro?
Imagine que está en una ducha caliente y el agua se lleva las
tensiones. Respire hondo tres veces e imagine que está en un prado,
arroyo o playa, fijándose en los detalles: los pájaros cantan, las
olas susurran, las flores se abren. Parece una obviedad, pero no
lo es.
· Aplíquese un breve auto-masaje. Es algo sencillo: masajee
la palma de su propia mano haciendo un movimiento circular con el
pulgar de la otra. ¡Y recuerde que cada vez existen más aparatos
de auto-masaje para utilizarlos en otras zonas del cuerpo!.
· Busque en la homeopatía. Este sistema curativo aplica a
las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas sustancias que en
mayores cantidades producirían los síntomas del mal que se quiere
combatir. Algunos estudios aseguran que la homeopatía es muy
eficaz para aligerar los trastornos de ansiedad. Hay diversos
tratamientos que se pueden adquirir en farmacias, consultando
siempre antes a un médico homeópata.
· A mal tiempo buena cara. Al reírse se trasmiten impulsos
nerviosos de los músculos faciales hacia el sistema límbico, un
centro emocional clave en le cerebro, restableciendo el equilibrio
neuro-químico y contribuyendo a que la calma vuelva a un sistema
nervioso pasado de revoluciones. Sonreír nos ayuda a estar mas
relajados y, por tanto, a ser más felices.
· Encare los problemas con decisión. Ponerse en el papel de
víctima agrava la sensación de estrés y desamparo. Es mucho mejor
adoptar una actitud positiva y resolver los problemas de forma
decidida. Si cancelan su vuelo no se autocompadezca; consiga otro.
Si en su oficina hace demasiado frío o calor no sufra en silencio;
consiga que arreglen la climatización.
· Ponga las cosas sobre el papel. Escribir un problema
ayuda a distanciarse de éste. Divida una hoja en dos partes: en la
izquierda apunte los factores estresantes de su conflicto que
puede cambiar, y en la derecha, los que no está en su mano
modificar. Concéntrese en los primeros; es inútil angustiarse por
aquello que no se puede resolver.
· Respire hierbas aromáticas. La naturaleza ofrece sedantes
en abundancia, que nos llegan a través del olfato. Los aceites de
anís, albahaca, laurel, manzanilla, eucalipto, lavanda, menta y
rosa, son apaciguantes. Ponga unas piedras de sal de roca en un
frasco pequeño y añada un par de gotas del óleo elegido. Cuando
llegue la tensión, abra el frasco y aspire: aliviará su estrés.
· Cuente hasta diez. Antes de responder, en un momento de
estrés, conviene tomar distancia de la situación y recomponerse
respecto a ella. Es recomendable contar hasta 10 para evitar decir
algo de lo que luego nos arrepintamos. Jamás hay que tomar
decisiones importantes en estado de ebullición emotiva; hacen
falta 24 horas para que “ese caldo adquiera la temperatura
adecuada”.
· Cámbiese al descafeinado. Nunca es tarde para dejar la
cafeína, pero hágalo poco a poco, porque retirarla de golpe puede
provocarle un intenso dolor de cabeza. Si es necesario invierta un
mes en el proceso, vaya poco a poco. También le conviene probar
los refrescos sin cafeína o pasarse al agua con gas, la cual sacia
el estómago y quita la sed sin contribuir a la efervescencia de
los nervios, a la cual siempre sigue el inevitable bajonazo.
· Pruebe a decir “no”. Es importante saber dar una negativa
en determinadas situaciones. Quienes tratan de hacerlo todo sin
negarse a nada son los primeros candidatos al estrés, tanto en las
relaciones afectivas como en el trabajo. Establezca sus límites y
no intente complacer a todos. Siempre es posible negarse de forma
educada, sencilla y clara.
· El calor y la oscuridad reconfortan. Mientras que el frío y
la claridad pueden crispar en ciertos momentos, sus opuestos son
relajantes. Frote las manos enérgicamente hasta calentarlas y
colóquelas formando un hueco sobre los ojos durante cinco segundos.
Mientras, respire profundamente. Su tensión interna cederá un poco.
· Recurra a la acupresión. Esta técnica oriental estimula
los mismos puntos que la acupuntura, pero con los dedos en lugar
de agujas. Es recomendable presionar tres puntos: el “tercer ojo”,
situado donde el puente de la nariz se une con la frente; el
“pilar celeste”, por debajo de la base del cerebro; y el
“rejuvenecimiento celestial”, entre la base del cuello y la parte
exterior del omóplato. Respire hasta el fondo y presione fuerte
durante dos o tres minutos. Por raro que parezca, da resultado.
· Afloje los músculos. Muchos expertos en relajación
aconsejan un rápido ejercicio que ayuda a aflojar el cuello y la
parte superior de la espalda. De pie o sentado, estire los brazos
a ambos lados del cuerpo, y sacuda las manos enérgicamente durante
10 minutos. Si a la vez respira hondo, el beneficio será mayor. La
musculatura agarrotada se liberará un poco, llevándose parte de
sus tensiones.
· Tenga carbohidratos a la mano. Los alimentos ricos en
carbohidratos estimulan la liberación de serotonina, una sustancia
del cerebro que produce bienestar y calma. Pierda el miedo al pan
y los croasanes. Una barrita dietética de cereales o una ración de
müesli, pueden bastar para sentirse un poco mejor, pero sin abusar,
porque en exceso estos alimentos pueden engordar.
· Confíe en las vitaminas. Se recomienda a los estresados
tomar a diario un compuesto que contenga entre el 100 y el 300 por
ciento de la dosis recomendada de vitamina B, además de minerales
como calcio, magnesio, cromo, cobre, hierro, manganeso, molibdeno,
selenio y zinc. Si el estrés es ligero, tome frutas, verduras y
legumbres variadas. En cuanto a las frutas, son preferibles las
manzanas, melocotones, peras y ciruelas, ya que las ácidas no le
sientan bien a algunas personas, por la mañana.
· Practique el sexo. Así aumenta la producción de
endorfinas, unas sustancias químicas cerebrales que mejoran el
ánimo. Si ha relegado el sexo a los últimos lugares en su lista de
opciones, adelántelo unos cuantos puestos. Es uno de los mejores
relajantes para todo el organismo y desestimarlo es un ataque a su
vitalidad.
· Déle una oportunidad a las infusiones calmantes. La
manzanilla y la tila son las infusiones calmantes por excelencia,
pero no las únicas: también puede probar una taza humeante de
pasiflora, melisa o amapola. Pida sugerencias en su herbolario y
recuerde que conviene dejar reposar la tisana diez minutos antes
de tomarla. En algunos casos, como la tila, su poder sedante es
mayor si se bebe a temperatura ambiente.
· Escuche música clásica. Estudios recientes han demostrado
que la música, siempre que sea tranquila y armoniosa, no frenética,
consigue desde desacelerar el ritmo cardiaco hasta aumentar la
producción interna de endorfinas. Hay temas especialmente
recomendables: el aria en “la” para cuerda de Bach, la sinfonía
pastoral de Beethoven, el nocturno en “la” de Chopin y la música
acuática de Haendel.
· Aprenda a concentrarse con intensidad. Es inútil aprender
técnicas de relajación para combatir el estrés si no sabe
concentrarse en ellas. Estar atento a cuanto sucede alrededor,
puede poner los nervios de punta. Busque un instructor y haga
ejercicios por su cuenta: pruebe a centrarse en un objeto, su
color, peso o sabor, y olvide todo lo demás durante unos minutos.
· Apóyese en sus seres queridos. Compartir los problemas
con la familia o los amigos, ayuda a verlos desde otra perspectiva
y aportar nuevas soluciones. Es fundamental sentir que las
personas que le importan están cerca suyo, y le demuestran su
solidaridad. La comunicación y el contacto con la gente aumentan
la autoestima y las ganas de vivir. Cuando ataque el estrés busque
un hombro donde apoyarse, ya recuperará su autonomía.
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