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Vivir delgada
No es lo mismo que
estar en periodos intermitentes y frustrantes.
fuente:www.soloellas.com

La manía de adelgazar dos o tres veces al año, acogiéndose a
regimenes "milagrosos" que prometen hacer perder 20 kilos en tres
meses, o llenándose de cremas "reductoras", aparatos de ejercicio
costosos o, lo que es peor, de anoréxicos o diuréticos, es quizás
lo más autrofrustrante de este siglo.
Sábete que las dietas drásticas no funcionan, que son una trampa
en la que acabamos cayendo por nuestra persecución obsesiva de la
delgadez.
Sin embargo, todo parece estar programado para que comamos por
encima de las necesidades reales. En general, aun las personas de
escasos recursos, comen demasiado y en forma desequilibrada:
muchas grasas y azúcares, demasiada sal, salchichonería, conservas,
enlatados y por si fuera poco, se baña todo esto con abundantes
refrescos, cerveza y vino.
¿Por qué comemos así? La causa puede ser diferente en cada
caso. Con frecuencia se remonta a la infancia, a los malos hábitos
adquiridos entonces. También se come por tensión, por reflejo, de
manera rápida y obsesiva.
Encontrar la causa no es fundamental. Lo importante es darnos
cuenta que comemos de más y que, como el alcohólico, podemos tomar
la determinación de modificar nuestra conducta sin importarnos el
pasado ni el porqué. Si estás realmente decidida a hacerlo y así
vivir delgada siempre, te recomendamos que tomes conciencia de
estos útiles consejos.
El metabolismo femenino
En tu mentalización para no volver a engordar, debes tomar en
cuenta que el hecho de ser mujer tiene sus desventajas si de peso
se trata: en el sorteo del metabolismo nos hemos llevado la peor
parte. Por si esto fuera poco, en general tenemos mayor avidez por
lo dulce que el hombre y mayor intolerancia a los hidratos de
carbono.
El cuadro no es alentador, pero te hará consciente de que debes
reducir a la mitad, las cosas que comes, pues la naturaleza no te
ayuda. Con frecuencia, cuando nos ponemos a dieta nos sentimos muy
alentadas pues lo primero que se pierde es el glucógeno, es decir
las reservas energéticas almacenadas en el hígado y los músculos.
Dicha sustancia se libera por la orina y estos gramos de agua
perdidos nos llenan de optimismo. ¡Cuidado! Esta pérdida no es del
todo real, pues el glucógeno se recupera a marchas forzadas cuando
se ingieren hidratos de carbono, así como cuando volvemos a comer
normalmente recuperamos rápidamente el peso perdido.
Lo que es necesario comprender es que no debes comer como antes
nunca más. No comes de manera racional y eso no es comer
normalmente. Es preciso sustituir cantidades por cualidad,
engullir por saborear, impulsos por decisiones conscientes,
anarquía en el comer por control. Todo esto se traduce en esbeltez,
pero no se logra con cualquier dieta, sino con una autonorma que
tú sola debes formular.
Gracias a tus apuntes te podrás dar cuenta qué, cuándo y con quién
engordas, lo que seguramente difiere de lo que hace engordar a
otra persona.
Por consiguiente, tendrás que trazar tu propio plan de vida. Es
probable que al principio sea más latoso o te de más flojera que
seguir una estricta dieta, pero es mil veces más efectivo y seguro
a largo plazo.
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