No tenemos más vida sexual”, contó Brad Pitt sobre su relación de
pareja con Angelina Jolie. Nadie le pidió tanta sinceridad, porque
si el más lindo de Hollywood y la mujer más sexy no tienen sexo,
¿qué queda entonces para el más simple de los mortales? Dicen que
ella es la que perdió todo interés sexual, y que la falta de ganas
se agudizó aún más después del nacimiento de su hija Shiloh Nouvel.
El ejemplo de ellos es válido para ilustrar una situación que cada
vez se da con mayor frecuencia en la sociedad actual. Existe una
infinidad de parejas, con varios años de relación, que reconocen
que su deseo está en baja y que su pasión ya no es la misma. Y las
mujeres lo sufren más que los hombres.
“El 40 % de las consultas tiene que ver con la inhibición del deseo
sexual”, afirma Victoria Alfaro, médica y sexóloga clínica. “Ellas
son las que se llevan la peor parte, ya que la proporción es de
cuatro mujeres por cada hombre, aunque desde hace algunos años el
porcentaje de hombres viene en aumento”, agrega Juan Impallari,
médico sexólogo, director del Instituto Kinsey de Sexología de
Rosario y vicepresidente de la Federación Latinoamericana de
Sexología.
El fenómeno es reciente: los especialistas en sexología lo
descubrieron en los años 80 y lo incorporaron a la lista de
disfunciones sexuales. Algunos llegaron a llamarlo “síndrome del
oso panda”, aludiendo a la dificultad que tienen estos animales
para reproducirse, pero la terminología correcta es “deseo sexual
inhibido”. Diana Resnicoff, psicóloga y sexóloga clínica,
vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana,
comenta que “en nuestro país, esta disfunción aumentó después de
2001, con la crisis económica… Muchas parejas llegan al
consultorio diciendo que ya no se excitan como antes.
El estrés, el exceso de trabajo y las exigencias de hoy son
responsables del deterioro del deseo que sufren muchas parejas.
Estamos insertos en una sociedad donde hay que pensar más en el
deber que en el placer. Todo se justifica por la falta de tiempo,
y en este sentido, es muy peligroso dejar para mañana el disfrute
sexual”. Para Juan Carlos Kustnezoff, director del programa de
sexología clínica del Hospital de Clínicas y director del Centro
de Referencias de Sexología de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Buenos Aires, la inhibición del deseo sexual está
íntimamente relacionada con la edad. “La espontaneidad del deseo
es una propiedad de la juventud.
A los 18 hay más ganas que a los 30 años por los acontecimientos
propios de la vida: el estrés, la maternidad, los problemas
económicos. Todo esto interfiere en la vida sexual y hace que el
deseo se amortigüe”, dice Kustnezoff. Sin embargo, Resnicoff
discrepa con él. “Existe un mito muy afianzado que dice que el
sexo es de los jóvenes y de los que comienzan una nueva pareja.
Pero la verdad es que todos somos sexuales desde antes de nacer y
hasta que morimos. Lo que sí se puede decir es que los deseos van
cambiando con la edad. Por ejemplo, algunos estudios indican que
después de los 50 los hombres y las mujeres disfrutan más de la
sexualidad”.
Cuando la
pasión se enfría
“Nos queremos pero ya no sentimos la misma pasión”. Frases como
ésta escucha casi a diario la sexóloga y psicóloga Celia Laniado,
miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana. “Antes las
mujeres consultaban por la falta de orgasmo. Hoy plantean el
desinterés sexual. Muchas veces la mujer pone excusas –que ella
misma se cree– porque niega la existencia del problema. Recién en
los últimos tiempos, porque está más informada, la mujer se anima
a plantear la falta de deseo en la consulta profesional”.
Raúl Padilla, especialista en terapia de pareja y sexología, y
director de Psicantropía, una entidad dedicada a la sexualidad en
Madrid, España, explica que “el deseo sexual inhibido se
caracteriza porque la persona carece de apetito sexual, no se
siente atraída por el sexo ni por la posibilidad de poder llevar a
cabo conductas sexuales. Habitualmente este fenómeno se presenta
una vez que el deseo sexual ya estaba establecido y como respuesta
a un desencadenante psicológico, aunque cuestiones orgánicas como
desajustes hormonales o el consumo de determinados fármacos pueden
jugar un papel principal para precipitar la inhibición del deseo”.
En muchas parejas, la falta de interés no es un impedimento para
mantener relaciones. Padilla asegura que para evitar males mayores
y mantener la pareja, algunas personas se conforman con ver cómo
disfruta la persona amada. Pero advierte que esto puede traer
serios problemas: “Cuando esta situación se perpetúa, suelen
aparecer sentimientos negativos por parte de quien accede
sistemáticamente a una actividad no placentera”. Por eso es
importante prestarles atención a los síntomas, para no retrasar la
búsqueda de una solución.
Laniado asegura que los síntomas “son muy evidentes y fáciles de
detectar: considerarse no apasionado, no tener pensamientos ni
fantasías sexuales, no iniciar una relación sexual, rechazar o
tomar distancia cuando la pareja se acerca, sentir desinterés por
acariciar o ser acariciado, e inventar excusas como dolor de
cabeza o cansancio”. El problema se agudiza aún más cuando la
reiterada negativa a iniciar un acercamiento sexual abre una serie
de incertidumbres en el otro. “Se llega a pensar que uno ya no le
resulta atractivo al otro, que el amor desapareció o que existe
una tercera persona. Si no existe la comunicación adecuada, la
pareja puede correr peligro”, advierte Padilla.
La monotonía y la rutina en la cama representan un patrón que se
repite mucho; esto lleva al aburrimiento y, por lo tanto, a la
pérdida del deseo en parejas que tienen una larga vida sexual en
común.
“La repetición rutinaria de actividades estereotipadas muchas
veces viene condicionada por una insuficiente educación sexual, en
la que la sexualidad queda restringida a la ‘normalidad genital’
privando a la persona de desarrollar su imaginación y sensualidad
en su vida afectiva”, señala Padilla. Pero tampoco hay que
desestimar la influencia de la ansiedad, los estados depresivos y
la baja autoestima. Según el especialista, en estos casos, “cuando
se empieza a solucionar el síntoma psicológico, la falta de deseo
se remite”.
Las discrepancias que muchas veces se dan en la pareja también
inciden: muchas veces uno quiere con mayor frecuencia que el otro
mantener relaciones sexuales, y si a esto se suma que la
comunicación de la pareja puede estar deteriorada, esta diferencia
de ritmos se hará notar en la cama. “Por un lado, uno sentirá que
su pareja ya no le encuentra suficiente atractivo; y el otro
sentirá que es presionado a realizar algo que no desea hacer. En
cambio, si la comunicación está bien establecida, no surgirán
estos problemas”, comenta Padilla.
Otra de las causas está directamente relacionada con los
conflictos de pareja: “Los rencores, las discusiones y las
agresiones no pueden ser olvidados en la cama”, enfatiza Laniado.
Pero en la mayoría de los casos tiene que ver con las exigencias
del estilo de vida actual, sobre todo para la mujer, que debe
repartir su tiempo entre los hijos, la casa y el trabajo. Ella se
siente tan agobiada que, cuando por fin llega a la cama, se
encuentra demasiado cansada y muchas veces, bajo esta
circunstancia, el sexo se convierte en una actividad más. “La
sexualidad debería ser un encuentro divertido y no algo más que
hacer durante el día. Estamos acostumbrados a cumplir con nuestra
responsabilidad y en muchas ocasiones el sexo se convierte en una
obligación, en un ítem más de la agenda. La gente piensa que está
trabajando en lugar de disfrutar. Y así no hay pasión que
aguante”, advierte Impallari. Este especialista agrega otro factor
desencadenante de este síndrome: “Muchas veces las parejas se
crean expectativas poco realistas acerca del funcionamiento
sexual, un poco promocionadas por las películas y los medios de
comunicación. Desde la televisión hay un bombardeo que busca
erotizar a la sociedad y genera mitos tales como que en una
relación sexual satisfactoria los dos integrantes de la pareja
deben alcanzar el orgasmo al mismo tiempo. Sería fantástico, pero
no siempre es así y no por eso va a ser una relación sexual mala.
Es importante respetar el ritmo de cada uno”.
Kustnezoff cuenta que casi a diario recibe a pacientes que
perdieron el deseo sexual hace dos o tres años. “Cuando les
pregunto qué les pasó en esa época, algunos responden que los
despidieron del trabajo o que sufrieron la pérdida de algún
familiar. El deseo es altamente vulnerable a situaciones como
ésta”, explica. Impallari, por su parte, asegura haber recibido
inquietudes de pacientes que llevan años sin sentir ganas de
iniciar un encuentro sexual: “A veces vienen matrimonios que
tienen diez o quince años sufriendo la falta de deseo, y se hace
difícil revertir el cuadro”.
Operación: subir la libido
Muchas parejas no son conscientes de que la falta de deseo no
puede esperar. Es importante encontrarle una solución, y lo más
rápido posible. Pero no es fácil. Así como no existe una única
causa para la aparición de la falta de deseo, tampoco hay una
receta magistral que haga que se vuelva a restablecer. Resnicoff
propone volver a disfrutar: “Besarse apasionadamente, tocarse,
acariciarse. Nos olvidamos de que el beso de lengua define la
continuación de una relación. Después de un tiempo, las parejas no
se dan más besos de lengua, salvo en los momentos en que tienen
sexo. La pareja confunde: cree que el sexo es sólo el pene y la
vagina. Hay que empezar a tomarse el tiempo para disfrutar.
Hacerse masajes es una buena manera de sacar el deseo del
freezer”. La especialista introduce la expresión “humor sexual”
cuando dice que “hay que reírse cuando se hace el amor”, e insiste
con que el sexo requiere tiempo: “Si esperamos hasta las 3 de la
mañana, vamos a querer dormir. Si no podemos dejar las
obligaciones, debemos buscar otro lugar para el encuentro. Hay que
empezar desde la cena a mirarnos, algo muy importante a la hora de
desear”.
Laniado recomienda restablecer la intimidad de la pareja, hablar
sobre lo que pasa y mantener una comunicación sincera y abierta.
Agrega que “el deseo no responde solamente a la voluntad sino que
necesita que se lo active. Las fantasías y la literatura erótica
pueden ayudar. Recordar los momentos en los que apareció el deseo
y volver a recrearlos puede contribuir a aumentar la libido. Otra
de las claves es innovar y abrirse a la creatividad. Es necesario
buscar espacios y tiempos para la pareja”. Una “transfusión de
ternura, muchas caricias y una buena dosis de mimos” es la receta
que recomienda Kustnezoff.
Los especialistas coinciden al concluir que la terapia sexual es
la mejor de las soluciones. Muchas veces, las parejas son
reticentes a buscar ayuda profesional, pero es necesario animarse.
“A veces estas cuestiones llevan tiempo, razón por la cual se
agudiza la problemática. No hay que dejarse estar”, enfatiza
Impallari. “Cuando la falta de deseo persiste por más de seis
meses, y la pareja no encuentra la manera de activarlo, es
importante pedir ayuda”, insiste Laniado. Las terapias sexuales
son breves, duran entre cinco y seis sesiones, y se realizan en
forma personalizada, ya que cada pareja tiene que encontrar su
propia solución. Se trabaja a través del diálogo terapéutico y con
ejercicios y tareas para hacer en casa. “En todos los casos, la
terapia sexual es necesaria. Puede durar dos o tres meses, y ataca
específicamente el problema”, detalla Alfaro. Está claro: no hay
recetas comunes. Pero quizá la terapia que hizo célebre a Helen
Kaplan, una de las sexólogas norteamericanas más reconocidas del
mundo, sea un buen comienzo. Ella asegura que sólo se necesitan
tres ingredientes: tiempo, fantasía y amor… Y a disfrutar.
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