Guapa a los 40
Lucir regia a esta edad sí es posible y un ejemplo de ello es la
publirrelacionista Ana Laura Llerena
fuente:www.eluniversal.com.mx |
S egún la escuela de negocios estadounidense Tuck School of Business, en
Dartmouth, y la Universidad Loyola, de Chicago, las mujeres en puestos
ejecutivos tienen, en promedio, 46.7 años de edad.
Y Ana Laura Llerena es, sin duda, la confirmación de ese estudio: es
directora general de la conocida agencia de relaciones públicas Llerena
Difussion, la cual, a seis años de haberse fundado, representa a
importantes cuentas de moda y belleza internacionales, como la francesa
Givenchy y la española Adolfo Domínguez. Tiene poco más de 40 años de
edad y es ejemplo contundente de belleza personal y éxito empresarial.
Siempre ocupada
Actualmente, una mujer en su cuarta década de vida es una persona con
muchas responsabilidades, compromisos sociales y profesionales, para los
cuales requiere verse impecable.
Desafortunadamente, esta etapa de plenitud personal y también
profesional coincide con la época en que las huellas del tiempo empiezan
a notarse en el rostro y cuerpo en general.
¡Cuídate!
Si no se toman la medidas necesarias para conservar la hermosura, como
lo ha hecho Ana Laura, con el paso de los años, la piel comenzará a
perder tersura, firmeza, hidratación, humectación y luminosidad;
asimismo, se notarán más las líneas de expresión y, si no se tomaron las
medidas de fotoprotección necesarias, habrá pecas y manchas.
“A la etapa en la que se presentan estos síntomas la conocemos como
crono-envejecimiento. Durante ésta se adelgazan las fibras de colágeno y
elastina (responsables del soporte de la piel).
“Esto significa que, por un lado, empezaremos a perder tono; por otro,
comenzaremos a perder la capacidad de elongación, es decir, que los
surcos que se forman cuando gesticulamos ya no desaparecen, sino que se
quedan marcados”, señala Mireya Palacios Estrada, gerente de relaciones
médicas de Laboratorios Vichy.
Otra de las características de esta etapa —explica la experta— es la
pérdida de tono.
Esto quiere decir que los rasgos del rostro van cambiando porque se van
‘cayendo’ los párpados y las mejillas. Además comienza a ‘desdibujarse’
el óvalo facial, es decir, crece la papada.
“El cuello es una zona especialmente frágil porque también se adelgaza
la piel”.
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