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Los secretos que todas tenemos
Aunque la confianza es la base
fundamental de una relación, es habitual en la mayoría de las parejas
-quien lo niegue, miente- ocultar ciertas cosas para no disgustar al
cónyuge. Pero, ¿cómo diferenciar lo que nunca debemos desvelar de lo que
es aconsejable contar para no tener problemas en el futuro?
fuente:www.soloellas.com |
Todos guardamos secretos a nuestras parejas. Cosas ingenuas, o menos
ingenuas, que pueden agrietar los cimientos de la convivencia. Temas que
es mejor pasar por alto para no hacer daño al contrario, aunque tengan
que ver con una vida anterior a la relación.
Así, se convierte en tabú todo lo relacionado con historias pasadas,
especialmente lo que tenga que ver con sexo y amor, lo que hablas y
haces con las amigas en las salidas nocturnas, las típicas
‘mentirijillas’ que se dicen cuando se inicia una relación para
impresionar al contrario. Aunque sean cosas totalmente inocentes o sin
maldad, pueden provocar desconfianza y él los aprovechará para
echártelos en cara en los momentos críticos cuando tenga la más mínima
oportunidad.
En realidad, no es cuestión de mentir, sino de omitir información. Y es
que la sinceridad total es una virtud muy mal pagada que puede llegar a
costar la relación.
El sexo, un tema peliagudo
Hay dos grandes cuestiones sexuales que las mujeres tergiversan delante
de sus parejas: el número de amantes que han tenido (a nadie le hace
gracia descubrir que en su lista hace el número 50) y la calidad en la
cama de los mismos, y las cualidades del cónyuge para despertar la
capacidad orgásmica. En el primer caso la cifra acaba reduciéndose a la
mínima expresión y en el segundo sufre un aumento proporcional al de los
gritos y gemidos que salen de la garganta durante el acto sexual.
Es aconsejable confesar sólo el número real de amantes cuando no se
supera la barrera de los cinco. A partir de esta cifra es conveniente
reducir la lista o, en todo caso, omitir (que no mentir) parte de las
experiencias. Es como el parchís, pero a la inversa: “ellos se comen una
y se cuentan 20. Nosotras nos comemos 20 y sólo nos contamos una”.
Con lo que respecta a los orgasmos, ¡que levante la mano quien alguna
vez no ha fingido en la cama! Se comienza con uno en la primera relación
con él, para no hacerle sentir mal, y se acaba cogiéndole el gustillo,
llegando al clímax ficticio tres y cuatro veces cada vez que se hace el
amor. ¿Por qué? La presión que ejercen los hombres en la cama para
llegar hasta aquí puede bloquear nuestra propia capacidad orgásmica, por
lo que la única solución viable, si no se quiere acabar con determinadas
partes de nuestro cuerpo echas añicos, es fingir para acelerar el
proceso. Triste, sí, pero real ya que el hombre es incapaz de concebir
que una mujer pueda disfrutar de una relación sin llegar al orgasmo.
Mejor si se consigue, pero si no, no significa fracaso por ninguna de
las dos partes. Así, su inseguridad nos hace convertirnos en las mejores
actrices sensuales en nuestra propia alcoba.
Tampoco es bueno revelarse como una auténtica experta en materia sexual
en la primera cita de cama. Él a buen seguro desplegará todos los ases
de la baraja para dejarte con la boca abierta. Pero es mejor que tus
habilidades, juegos y acrobacias los vayas mostrando poco a poco si no
quieres que salga corriendo. No es tanto un tema de desconfianza, sino
el miedo a no poder estar a tu altura.
Por último, las fantasías eróticas sólo hay que compartirlas cuando él
forma parte de ellas. Realmente serías incapaz de confesar que el
protagonista de tu sueño picante ha sido el vecino cachas que hoy se ha
presentado en tu casa pidiéndote sal o el nuevo currito de tu empresa.
Esto significaría la defunción sexual de la pareja.
Mi ex, ¡un ‘capullo’!
Peliagudo también resulta el tema de los ex, más cuando el tiempo ha
querido que sigáis siendo amigos de ellos. Si no has conseguido de
ninguna de las maneras que ambos se lleven bien, lo mejor es no hablar
del tema. Ni de su nuevo piso, ni de su nuevo coche, ni de, incluso, sus
numerosas novias. Que tú hayas superado esta ruptura, no significa que
tu pareja lo haya conseguido también.
Todo es aún peor cuando tu ex suegra, que es un cielo, no para de
llamarte para tomar café. ¿Qué hacer con el ‘peñazo’ de madre de tu
actual pareja? Ante todo disimular, disimular, disimular…, sin develar
nunca que su afán controlador y su reojo malintencionado te sacan de
quicio. Y quien dice madre, dice esos insoportables cuñados o sobrinos
demoníacos que te han tocado en suerte. Las familias políticas suelen
ser puntos de desencuentro en las relaciones y causa de muchos divorcios
y separaciones.
¿Yo celosa? Nunca
El tema de los celos parece que va implícito cuando se quiere a alguien,
y es que es inevitable sentir hormigas en el estómago cuando él no para
de hablar de su nueva compañera de trabajo o cuando su ex le llama en su
cumpleaños para decirle lo mucho que se acuerda de esos maravillosos
momentos que pasaron juntos. Y cuando hablo de hormigas, me refiero a
esas rojas de grandes mandíbulas que te devoran las entrañas cuando tu
radar detecta alguna mujer cerca.
También se deben ocultar las locuras que a veces los celos te llevan a
hacer, como seguirle en más de una ocasión cuando te dice que va al
fútbol con unos amigos, o cotillearle los e-mails o los mensajitos y
llamadas recibidas en el móvil. No es una buena idea comportarte como
una espía rusa, pero si nos has podido resistirte a la tentación, no se
lo digas si no quieres que no vuelva a confiar en ti.
En definitiva, mostrar celos de forma bestial resulta contraproducente
para la relación. Enseñar un poco los dientes es gratificante para la
pareja, pero insistir mucho sobre esta cuestión puede llegar a resultar
agobiante.
Un café con las amigas… y algo más
Lo que pasa en las ‘quedadas’ de sólo chicas, debe permanecer como
secreto de estado. Este pacto de silencio hay que respetarlo porque
comentarios tontos o ciertas actitudes pueden llevar a malos entendidos
si se sacan de contexto.
Y es que en ocasiones es habitual ‘tontear’ con algún chuleta de barra o
cachitas de turno, simplemente para reafirmar ese ‘sex-appeal’ del que
gozábamos en tiempos anteriores y que familia, hijos, casa y trabajo
insisten en sepultar. Contar esto sería un suicidio conyugal.
Tampoco es aconsejable desvelar todo lo que se comenta entre amigas.
Tonterías del tipo ‘qué bueno está el novio de Elena’ o ‘yo a ese le
haría un favorcito’, no necesariamente significa que se esté tramando
una infidelidad.
Y qué decir tiene que es preferible omitir lo bien que te llevas con ese
compañero nuevo de trabajo con el que últimamente sales a tomar café.
Sólo tú sabes que no hay nada entre vosotros, pero a veces las
apariencias engañan y puedes despertar el fantasma de los celos en el
compañero.
Me confieso…
Los asuntos relacionados con el dinero has de confesarlos siempre. Los
malos entendidos con el tema del euro pueden provocar un crack en la
relación. Muéstrale siempre lo que gastas y no gastas aunque en el
momento te pueda costar un disgustillo. El tiempo sólo hará engordar la
importancia real sobre estos asuntos.
Y por último está el tema de las infidelidades. En este caso la elección
corre de tu cuenta. Sólo tú debes decidir si contarlas o no. Hay que
valorar el riesgo al desvelarlas o el que se corre al callarlas. Las
consecuencias de que con el tiempo salgan o no a la luz. Plantéate lo
siguiente, ¿ha sido un desliz?, ¿serías capaz de repetirlo?, ¿te sientes
culpable por tu pareja?, ¿sientes algo por tu amante? Las respuestas a
estas preguntas te llevarán a confesarte o no a tu pareja.
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