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    Parejas que asfixian
¿Suele hacer escenas de celos a su marido en público o en privado? ¿Le envía mensajes constantemente con el único fin de hacerse presente? ¿Se le aparece en la oficina sin motivo aparente? o incluso, ¿se ha descubierto a sí misma revisando su cartera, su agenda telefónica o sus camisas?


fuente:www.soloellas.com
 
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¿Suele hacer escenas de celos a su marido en público o en privado? ¿Le envía mensajes constantemente con el único fin de hacerse presente? ¿Se le aparece en la oficina sin motivo aparente? o incluso, ¿se ha descubierto a sí misma revisando su cartera, su agenda telefónica o sus camisas?

¡Cuidado! Estas actitudes pueden alejar al ser amado en lugar de atraerlo. Además son claro síntoma de una persona posesiva que considera que mientras más unida esté a su pareja, habrá más amor.

Posibles causas
De acuerdo con el sicólogo Abel Sánchez, especialista en terapia familiar, este tipo de relaciones se vuelven asfixiantes y limitan la libertad y el espacio del otro.

"Una actitud posesiva está relacionada con inseguridades, patrones de crianza en la familia, y personalidades dependientes", explica Silva.

"Estas personas miran a su pareja como un objeto de su propiedad, tienen un temor grande de perderla y la convierten en el ingrediente imprescindible para satisfacer sus necesidades básicas afectivas, igual que el oxígeno para poder respirar o la comida para alimentarse", explica.

Otras de sus características son: "Miden el amor con base en lo que el otro hace o deja de hacer por ellos, exigen cercanía, muestras de afecto y atenciones constantes, sólo se sienten seguras cuando su pareja responde a estas demandas constantes de amor; de lo contrario, les invade un estado de pánico reforzado con miedo al abandono", dice.

 Cuestión de dos
Sánchez explica que, no obstante, la responsabilidad es de ambas partes. "La pareja de la persona posesiva adquiere un enorme compromiso en la relación, él se ve como responsable de la felicidad y de la seguridad emocional del otro, como si estuviera en sus manos solucionarle sus problemas".


Por este motivo es frecuente encontrar parejas que lejos de poner fin a la relación refuerzan el enganche disfuncional y, en ocasiones, se involucran hasta que resulta imposible "zafarse".

"Este comportamiento trae consecuencias fatales. La vida matrimonial se convierte en guerra, una batalla constante donde se lucha con rivales reales o imaginarios; hay estrés, paranoia y divorcios", asegura el especialista.

Además, muchas de éstas mujeres se preocupan por mejorar, pero sólo en el aspecto físico y olvidan la parte emocional, afectiva y espiritual que nada tiene que ver con el cuerpo, el maquillaje o el perfume.

 Origen de la inseguridad
Para el sicólogo, el origen de esta actitud se encuentra en la educación y afecto que cada individuo recibe en el hogar.

"Las personas funcionan con base en compensaciones afectivas. Si no recibieron el amor, la atención o el cuidado necesario en los primeros años de la vida en su propio hogar, después buscan compensar ese afecto. Muchas veces estos individuos están buscando a un padre o una madre sustituto que no les dio lo que habrían necesitado", asegura el experto.

Aunque también se trata de una cuestión cultural, pues los países latinoamericanos, incluido México, "somos seres posesivos, territoriales y queremos que nuestras parejas sean exclusivas", concluye Sánchez.

Una alternativa
El deseo de posesión se deriva principalmente de una autoestima débil, por ello, el especialista recomienda que si usted se identifica con las situaciones antes descritas acuda con un profesional que le ayude a controlar estos impulsos y emociones y a mejorar su autoestima. De lo contrario nunca logrará una vida plena.

:: Algunos consejos
Encontrar la felicidad en sí mismo. Ningún ser humano necesita depender de otro para ser feliz, el sentimiento de "estar bien" debe venir de uno mismo.

Mantener una comunicación fluida. Es necesario identificar los puntos débiles de la relación y dialogar con la pareja. Abrir un canal de intercambio puede ayudar a adquirir seguridad y confianza en el otro.

Autoestima. Las mujeres deben descubrir sus propias capacidades, valorar sus carencias, identificar sus necesidades y ver hasta qué grado depender de otra persona le puede ayudar a estar emocionalmente sana.

Delimitar el territorio de cada uno. Hasta donde uno puede intervenir en la vida del otro sin restringirlo, incluso cada uno debe poder salir con sus amigos sin que eso ofenda agreda, invada o perturbe al otro.

Conocer los propios sentimientos. Reflexionar sobre su propia vida y tener claro que la prioridad no es estar en una relación, sino uno mismo. Esto ayuda a controlar el miedo al abandono, pues en la medida en que los afectos se abran a otras opciones, será más fácil que la posibilidad de perder el afecto de una persona en especial no parezca tan dolorosa.

Dialogar entre mujeres. Intercambiar puntos de vista con el mismo género puede resultar muy favorable, porque se genera la identificación y solidaridad que permite encontrar nuevas alternativas. (Olga Valenzuela)






 


 

 
 
 
 
 
 

 


 

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