Este es un comentario típico de una mujer con Fibromialgia, una enfermedad
tan difundida como incomprendida que afecta la vida de millones de mujeres en el
mundo cada día.
La importancia de conocer esta enfermedad es que en muchas ocasiones es
confundida con otros problemas médicos y ginecológicos, y como afecta casi
siempre a mujeres entre la cuarta y quinta década de la vida, es al ginecólogo a
quien por lo general se acude por primera vez con estos síntomas.
Hablamos de una enfermedad que afecta en promedio a 2 de cada 100 mujeres en el
mundo, que puede ser tan severa que ocasione una incapacidad para realizar las
actividades diarias y tan poco conocida que se desconoce la causa. Se calcula
que por cada 10 casos de Fibromialgia en una mujer se presentará un caso
masculino.
¿Cuáles son las molestias más comunes?
El síntoma más frecuente es dolor en todo el cuerpo, la mayoría de las veces
como una sensación de quemadura o “adolorida”. Presenta fatiga, falta de
energía, con fuerza normal que puede ser más incapacitante que el dolor y
trastornos de sueño, con sueño no reparador “amanece como si la hubieran
apaleado” o simplemente problemas para conciliar el sueño. Otros síntomas pueden
ir desde depresión, mareos, migraña, problemas gastrointestinales como colitis,
diarrea y dolor durante periodos menstruales.
Pueden presentar problemas de concentración o intolerancia al frío. Existen
ciertos puntos dolorosos o gatillos específicos que al presionarse producen
dolor intenso como uno de los síntomas típicos.
¿Como se diagnostica?
La base del diagnóstico es la historia clínica y la identificación de los puntos
dolorosos, ya que todos los exámenes resultan normales. Es por este motivo que
en ocasiones hace creer a los familiares y otros médicos no familiarizados con
el diagnóstico que el paciente está fingiendo, lo cual provoca más desesperación
a la paciente.
¿Por qué se presenta más en la mujer?
Esta diferencia se ha tratado de explicar en cambios que existen en la mujer en
la transmisión del dolor, cambios hormonales relacionados al ciclo menstrual que
modifican la percepción del dolor, mayores niveles de ansiedad y depresión en
conjunto con mayores cambios de comportamiento como respuesta al dolor.
En buena medida estas diferencias entre hombre y mujer tienen una base biológica
y sociológica, y no se conocen las implicaciones hormonales que facilitan este
síndrome en la mujer. No es una enfermedad que hasta donde se conoce ocasione
complicaciones a la madre o al bebé durante el embarazo, pero como es una
enfermedad que también se presenta en mujeres jóvenes en edad reproductiva y la
falta de reportes sobre casos de Fibromialgia durante el embarazo, hacen pensar
que debe existir alguna relación de la enfermedad y el embarazo, ya sea que
durante el embarazo se presente una mejoría real o que se confundan los síntomas
de la enfermedad con los del embrazo normal.
Dentro de la causas se han determinado múltiples teorías como alteraciones
bioquímicas de la serotonina, hormonas de stress, hormonas del crecimiento y
percepción anormal del dolor.
El conjunto del tratamiento implica el manejo de diferentes especialistas
médicos como reumatólogos, ginecólogos, rehabilitadotes y nutriólogos. Los
síntomas pueden mejorar con medidas como el ejercicio aeróbico, técnicas de
relajación, modificaciones del estilo de vida, apoyo psicológico, técnicas para
reducir el stress, terapia de grupo, tratamiento farmacológico a base de
antidepresivo relajantes musculares, analgésicos y terapia para el sueño.
No se conoce en la actualidad la causa específica de la enfermedad, el porqué
afecta más a las mujeres. Sin embargo la investigación en este sentido continúa
y siendo una enfermedad que tan fácilmente se puede confundir con otros
problemas, ante un cuadro similar al que describimos debes de comentar con tu
médico la posibilidad de este diagnóstico.
Inestabilidad y su medicación
Daniel P. Cardinali dice, a su vez, que “los trastornos originados en el viajero
por los vuelos transmeridianos, los desajustes emocionales que suelen acompañar
la llegada del invierno y las perturbaciones que experimentan quienes deben
cumplir turnos rotativos de trabajo prueban la existencia de tales relojes
biológicos, en fase con los ciclos geofísicos” (“Cronobióticos: cómo mover los
engranajes del reloj biológico humano”, Scientific American Latinoamérica, núm.
2, junio 2002).
Entre los trastornos característicos del organismo se encuentra el jet-lag,
propio de las personas que realizan viajes transoceánicos. El síntoma aparece
después de atravesar varios husos horarios en un día. La alteración del sueño,
los problemas gastrointestinales, la disminución de la atención y el sentido de
alerta, además de cierto decaimiento general.
“Típicamente, la persona que sufre el jet-lag se siente cansada en un cierto
momento del día y tiene dificultades para conciliar el sueño o para levantarse
temprano. Este último hecho incrementa la sensación de fatiga y conduce a
dificultad de concentración, con cefaleas y otros trastornos. El apetito
disminuye y las comidas son difíciles de digerir, pues se hacen en momentos que
el organismo no está preparado para la digestión”, acota Daniel P. Cardinali en
el artículo mencionado.
Otro trastorno es la depresión invernal, común en los países nórdicos, debido a
la falta de luz solar durante el invierno. En este sentido, Hugo Aréchiga dice
que las reacciones depresivas pueden ser tan graves como para desembocar en
suicidios. Al aclararse el origen del padecimiento en la falta estacional de
luz, ha podido corregírsele administrando pulsos luminosos a ciertas horas del
día, correspondientes a las fases del foto-periodo más sensibles a las
influencias sincronizantes del ambiente (“Los ritmos biológicos en la salud y la
enfermedad”).
En el caso de la enfermedad de Alzheimer, 40 por ciento de los pacientes
presenta alteraciones de sueño, como la llamada agitación vesperal, que conlleva
mínima capacidad de atención, pensamiento y discusión desorganizados,
perturbaciones motoras, deambular errático y conductas asociadas con
perturbaciones perceptivas y emocionales.
Para el tratamiento de este tipo de enfermedades se recomienda medicamentos
conocidos como “cronobióticos”. Tales fármacos pretenden estabilizar el reloj
circadiano, alterado por causas intrínsecas (envejecimiento, ceguera, enfermedad
mental) o causas externas (jet-lag, trabajo en turnos rotatorios). La melatonina
es el ejemplo típico de cronobiótico utilizado en situaciones controladas.
Corrige, por ejemplo, los trastornos de sueño en ciegos. Se ha encontrado que su
medicación también mejora los síntomas del jet-lag. Respecto del envejecimiento,
Daniel P. Cardinali anota: “Si la deficiencia de melatonina es causa más que
marcador del insomnio, el reemplazo mediante la administración exógena de
melatonina debiera ser benéfico. En los jóvenes es dudoso. En cambio, en
pacientes viejos, en quienes existe demostrable insuficiencia de melatonina
endógena, el tratamiento con melatonina tiene efecto terapéutico”.
De esta manera, aplicar criterios cronobiológicos para administrar medicamentos
o agentes físicos, con la pretensión de reducir los efectos colaterales
indeseables, es la idea central de la llamada cronoterapia. A tal grado se ha
expandido la importancia del tema, que en la actualidad ya se habla de
especialidades como la “cronocardiología” o “crononeurología”, además de la
“cronofisiología” o “cronofarmacología”.
Así es como la cronobiología y los mecanismos de tiempo, concluye Hugo Aréchiga,
“proporcionan nuevos instrumentos de análisis y tratamiento en los trastornos
del sueño y contribuye notablemente al conocimiento y tratamiento de
padecimientos psiquiátricos