Levantarnos periódicamente con sueño después de no haber podido pegar un
ojo en toda la noche es una clara muestra de que algo no anda bien en nuestro
mecanismo del sueño. Cuando esta situación se prolonga se hace necesaria la
consulta al médico, especialmente si despertamos con dolores musculares o de
cabeza, sensación de embotamiento o si se padecen cambios de carácter y
problemas de rendimiento producto de no haber dormido bien.
La cantidad de horas de sueño que necesita cada persona es muy variable. Un
adulto puede dormir seis horas por día o nueve, lo importante es que sea
suficiente para que tenga un buen rendimiento durante el día.
La presencia de ronquidos, apneas, insomnio o narcolepsia muestran que el
descanso no es el que debiera. Estas molestias son la causa de que se pierda la
vitalidad física y el rendimiento en el trabajo o en los estudios e, inclusive,
de que disminuya el deseo sexual.
Trastornos de origen psicológico
En los adultos entre los 30 y los 50 años, la causa más frecuente de desorden
del sueño son los trastornos psicofisiológicos. En este grupo entran las
personas con estrés o con depresión. La proporción de mujeres es mucho mayor a
la de hombres.
Este tipo de alteración tiene consecuencias variadas: insomnio, sueño
fraccionado o un despertar a la madrugada sin que la persona pueda volver a
dormirse. Es bastante frecuente que la gente que está en esta situación se
automedique tomando sedantes que, si no están indicados por un médico, pueden
agravar el problema y provocar una dependencia.
Por ello es imprescindible contar con un buen diagnóstico. Primero hay que
descartar enfermedades físicas u otro tipo de problemas que estén directamente
relacionados con el sueño y luego es necesario iniciar un tratamiento con un
psiquiatra para encontrar el conflicto emocional que no nos deja dormir. Para
que la persona se recupere más rápidamente, el médico suele indicar hipnóticos
durante un lapso breve de alrededor de 30 días con el objetivo de que logre un
sueño reparador.
Ronquidos y apneas del sueño
El ronquido se produce porque los músculos de la garganta no están firmes,
entonces el aire de la respiración los hace vibrar y produce ruido. La apnea del
sueño, por otra parte, es la interrupción de la respiración por un cierre de
estos mismos músculos, que no dejan pasar el aire. Esto origina una caída del
nivel de oxígeno que, pasados unos segundos, produce un gran impulso que hace
que la persona vuelva a respirar. Se reconoce a la gente que tiene apnea porque
roncan, luego permanecen en silencio hasta que, de pronto, se escucha una
especie de estallido en su respiración.
También suelen moverse mucho durante el sueño y alteran el descanso de quien
duerme con ellos. Es posible tener 300 episodios de apnea por noche. La apnea se
presenta, sobre todo, en hombres mayores de 30 años, con sobrepeso o con
enfermedades respiratorias.
Este tipo de trastorno es bastante delicado porque esa falta de oxígeno que dura
unos segundos se produce varias veces por noche, todos los días. En pocos meses,
la gravedad de las apneas aumenta y se pueden instalar algunos problemas
cardíacos o hipertensión.
Cómo se trata
El tratamiento a seguir en estos casos depende de la gravedad del trastorno. Si
es leve, para mejorar puede alcanzar con que bajar de peso o adoptar durante el
sueño una postura que le permita respirar mejor. Si los ronquidos son más
importantes, se recurre a una operación en la faringe o se coloca una aplicación
que adelanta la mandíbula unos milímetros. En los casos de ronquidos más severos
o cuando hay apnea se utiliza una mascarilla nasal (llamada CPAP, sigla de
Presión de Aire Positiva Continua) que evita que se cierre la garganta. La
mascarilla hace que entre aire por la nariz para evitar las variaciones de
presión que hacen que se cierre la garganta o que vibre.
Esta mascarilla se usa sólo para dormir y, al despertarse, la persona se la
retira. Viene con un aparato que pesa medio kilogramo y se puede transportar
cuando uno viaja.
Jóvenes y adaptables
La gente joven tiene bastante elasticidad en cuanto al manejo del sueño, su
reloj biológico se adapta fácilmente. Esto se comprueba en los adolescentes o
los jóvenes que van a bailar y se acuestan a la mañana todos los fines de
semana. El lunes vuelven a adaptarse a los horarios de estudio sin
inconvenientes. En cambio, una persona mayor necesita agregar una o dos horas
más de sueño durante varios días hasta compensar el exceso. Esa rigidez en
cuanto a la forma de dormir va en aumento con los años.
El consumo de alcohol es una de las causas de alteraciones durante el sueño en
esta edad. Los jóvenes quedan dormidos rápidamente, pero se despiertan durante
la noche y no alcanzan niveles de descanso profundos. Este problema también se
presenta con el uso de algunas drogas.
Siempre hay que darle importancia a los trastornos del sueño, porque son
indicadores de que algo no está bien. En un primer momento habría que consultar
al médico clínico, que es quien hará la derivación al psicólogo, psiquiatra,
neurólogo o a un especialista en sueño. En los jóvenes, este padecimiento puede
deberse a trastornos emocionales que, tal vez, no parecen graves porque no van
acompañados de otra clase de síntomas que aparecen en las personas mayores, pero
que son señales de alarma. En los niños, las alteraciones del sueño tiene que
ver, generalmente, con ansiedades que son fáciles de resolver o con algunos
problemas físicos simples. Uno de los casos más comunes son los parásitos, que
les impiden a los chicos descansar correctamente.
Estudio para sueños huidizos
Las estadísticas a nivel mundial dicen que la cuarta parte de la población de
adultos tiene, en algún momento, problemas graves relacionados con el sueño.
El estudio que permite descubrir todas las alteraciones se llama polisomnografía
nocturna y se hace mientras la persona duerme. El paciente tiene que pasar una
noche en un centro médico, en una habitación donde pueda estar tranquilo. Se le
colocan sensores que registran su actividad cerebral -como en un
electroencefalograma- y también se evalúa la respiración, el nivel de oxígeno,
la actividad cardíaca y los movimientos de las piernas, entre otros estudios.
Conductas que facilitan el sueño
Cená una comida liviana, evitando las que tienen alto contenido de proteínas
grasas.
Acostate dos horas después de haber comido.
Evitá el exceso de alcohol en la cena.
No tomes té, café o mate después de las 17.
No practiques ejercicios intensos después de las 17.
Mantené horarios fijos para levantarse y para acostarse.
Acostate en la cama sólo cuando tengas sueño.
No utilices la cama para comer, ver televisión, leer o trabajar, sino sólo para
dormir.
Si te despiertás en medio de la noche, levantate de la cama. Tomá un vaso de
leche o tratá de encontrar algo que lo relaje. Vuelvé a acostarte sólo cuando
tengas sueño.
No te automediques con sedantes.
Nunca te obligues a dormir. Si uno no puede conciliar el sueño hay que relajarse
y aprovechar el tiempo para realizar una tarea satisfactoria (como leer un libro
o escuchar música, pero esto depende de cada persona, porque en algunas puede
provocar más insomnio).