Sin embargo, existe un rubro en el que la demanda supera con creces la
oferta: los cargos ejecutivos. Tradicionalmente, estos eran ocupados mediante la
promoción del personal con más años en la empresa, el clásico ascenso vertical,
en el que alguien empezaba como cadete y terminaba como gerente general.
Sin embargo, un mercado cada vez más inestable y competitivo, ha obligado a las
empresas a directivos que poseen amplios conocimientos de diversas materias,
como marketing, informática, inglés, liderazgo, etc.
Aquellos puestos de trabajo que en el mercado se denominan vacantes 1 y 2 (y en
algunos casos la 3), son altamente demandados por las empresas, y en algunos
casos les tarda años poder conseguirlos.
Como su búsqueda es tan minuciosa, estas compañías no las efectúan por si
mismas, sino que contratan a “headhunters”, o cazadores de talentos.
:: ¿Quiénes son estas personas?
Se trata de profesionales que se especializan en la búsqueda de personal
altamente calificado, para lo cual poseen amplios conocimientos del mercado
laboral, cuentan con una amplia base de datos de personal, y una extensa serie
de contactos.
Por supuesto que estos profesionales no sólo ponen un ojo en el personal
buscado, sino que también tiene muy en cuanta los ofrecimientos de la empresa.
De esta forma, el headhunter le pedirá a la compañía que, para la búsqueda de
determinado profesional, ofrezca un mínimo de incentivos, como un buen sueldo,
posibilidades de crecimiento, buen ambiente laboral, contactos internacionales,
etc.
En definitiva, este cazador de talentos actúa como un nexo entre ambas partes,
tratando de encontrar a la persona más indicada, para el cargo más indicado de
la empresa más indicada.
Por este trabajo, puede llegar a cobrar hasta un 20 por ciento del sueldo anual
del empleado en cuestión, aunque debe también ser responsables de reponer al
profesional, gratuitamente, en el caso de que durante un año éste no haya
demostrado las características buscadas; y, por supuesto, ofrecer una garantía
de absoluta confidencialidad sobre todas las cuestiones relacionadas con el
conocimiento que posee de la compañía (y del empleado).
Las características que definen a un buen headhunter, son, en primer lugar,
tener un gran poder de convocatoria, ser un buen negociador, -es decir poder
lograr ciertas concesiones por parte de la empresa y del empleado-, y conocer en
profundidad la cultura y filosofía de la compañía.
En segundo término, debería tener mucha audacia para investigar y sondear las
posibles situaciones que se presenten entre la empresa y los candidatos, y, por
último, poseer un vasto conocimiento de todo el mercado laboral.
Lo más frecuente, es que la persona buscada ya esté trabajando. De hecho, sería
altamente improbable que un ejecutivo que posee tantas cualidades, se encuentre
desocupado.
Por lo tanto, el headhunter suele comunicarse con él para “sentarse a tomar un
café”, momento en el que hará una primera evaluación al tiempo que le comentará
sobre el nuevo trabajo. Si ambas partes se ponen de acuerdo, el ejecutivo será
presentado a la empresa, aunque esto suele ser bastante difícil, puesto que este
tipo de profesionales suele estar muy cómodo en el lugar en el que se
encuentran.
En determinados casos, la búsqueda se realiza en la universidad, pero esto es
poco frecuente, puesto que los estudiantes y recién egresados no poseen aún la
experiencia necesaria como para trabajar en puestos jerárquicos. Sin embargo,
durante los últimos años ha crecido la demandad de “juniors”, es decir jóvenes
profesionales que las empresas desean “moldear” a su forma.
Para esto, el headhunter mantiene un amplio contacto con los rectores y docentes
de las instituciones educativas, puesto que no basta con saber el promedio de
los egresados, sino que además se debe conocer la personalidad de los mismos.
Por otra parte, no se suele encontrar gente adulta que sea experta en sistemas,
telecomunicaciones, e informática.
Pero los verdaderos headhunters, son aquellos que logran ubicar al mejor
profesional en la materia, al tiempo que lo convencen de que abandone su cómodo
puesto. Al igual que con los futbolistas, que pasan de club en club por cifras
astronómicas, los ejecutivos conocen perfectamente su valor, y difícilmente se
dejen tentar por ofrecimientos que no sean verdaderamente irresistibles, por lo
que la tarea de estos cazadores de talentos es verdaderamente muy dificultosa.
Por eso mismo, pocas veces vemos avisos clasificados que busquen personal
altamente calificado. Y cuando se encuentran, se debe dudar mucho: es posible
que las empresas lo utilicen para evaluar el mercado o descubrir la situación en
la que se encuentran sus propios empleados, o que sean los mismos headhunters
quienes deseen ampliar su base de datos y conocer más sobre las diferentes
alternativas laborales que hoy en día se ofrecen.