Las treinteañeras son expertas en el arte de hacer malabarismos con el
tiempo. Van de un lado al otro para cumplir con las obligaciones del trabajo
que, seguramente, se multiplican cada día.
También asisten a reuniones con su grupo de amigos, pues su vida social es
bastante activa; y, al final, pero no menos importante, está el romance.
Generalmente, es momento de consolidar una relación y, para muchas, formar una
familia.
La llegada de un hijo reclama mucho tiempo, atención y cuidados, y deja, a la
mayoría de las madres, sin tiempo para descansar y recuperar energías.
Según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, la edad promedio en que
las mexicanas tienen su primer hijo es entre los 25 y los 29 años.
Las francesas lo reciben, en promedio, a los 29.7 años; las estadounidenses, a
los 27.7; las japonesas, a los 29.7 y las inglesas, a los 28.8, datos
consignados por el INSEE (Institut National de la Statistique et des Etudes
Economiques). Las suecas, según la agencia Eurostat, se esperan hasta los 30.3
años para tener su primer bebé.
En resumen, cuando las mujeres llegan a su tercer década de vida, tienen una
vida muy agitada, llena de compromisos familiares y personales y, con tanta
actividad, les quedan muy pocas horas de sueño y no se diga, tiempo para
brindarse mimos y cuidados.
Es más difícil bajar de peso
Ahora, a partir de los 30 años, el cuerpo femenino sufre una serie de cambios
hormonales que llevan a la acumulación de grasa, con facilidad.
La producción de ciertas hormonas que favorecen la eliminación de esa grasa,
como la DHEA, la testosterona y la hormona del crecimiento, desciende
considerablemente, y esto contribuye todavía más a la pérdida de masa muscular y
al descenso general del ritmo del metabolismo.
Por ello, es el momento de reajustar el régimen alimenticio, disminuir el
consumo de grasas y seguir yendo al gimnasio con entusiasmo.
Piel al límite
Erwin Tschachler, director del Centro de Investigaciones Epidérmicas y
Sensoriales de Chanel, luego de 10 años de estudiar a detalle la piel del rostro
de mujeres caucásicas y asiáticas observó que varios signos del envejecimiento
ya eran visibles a partir de los 25.
Asegura que 78% de las mujeres francesas, entre los 20 y 35 años, presentan
arrugas visibles en la frente y que las líneas alrededor de los ojos se pueden
observar en casi 40% de ellas.
Tschachler, profesor de dermatología en la Universidad de Viena, señala (a
través de un comunicado de prensa de la casa de cosméticos francesa) que el
envejecimiento de la piel, como el de los demás órganos, es consecuencia del
desgaste continuo de la estructura de los tejidos vitales.
La causa principal de esta pérdida de vigor es el estrés oxidativo, provocado, a
su vez, por los radicales libres. Estos no son más que desechos naturales
producidos por la respiración y el metabolismo celular, aunque también pueden
ser generados por las radiaciones UV.
Cuando los mecanismos de defensa naturales de la piel que combaten los radicales
libres dejan de funcionar correctamente o cuando se producen demasiados
radicales libres, comienzan a dañar los tejidos circundantes (proteínas, lípidos
y ADN).
“Agredidos de modo regular y no reparados, los tejidos pierden su óptimo
funcionamiento y envejecen prematuramente.
“Los rayos UVB y UVA dañan nuestra piel. Los primeros penetran sólo una décima
de milímetro en ella, pero pueden perjudicar directamente el ADN celular; en
cambio, los UVA son capaces de llegar a las capas profundas de la dermis y sus
efectos son indirectos, pues generan radicales libres (con los efectos nocivos
que ya se explicaron)”.
Antes de los 25 años, la piel posee sus propias defensas; pero, superada esa
edad, el funcionamiento celular comienza a volverse lento por el daño acumulado.
Más problemas
Por otra parte, a los 30 la piel ha iniciado el proceso de adelgazamiento de las
fibras de colágeno y elastina, lo que ocasiona finas líneas de expresión.
También es muy probable que comiencen a aparecer una mayor cantidad de pecas,
producto de la exposición solar sin protección.
El cuello comienza a perder firmeza y el óvalo facial tiene menos definición;
por si fuera poco, el cansancio y el estrés también han dejado sus huellas.
Esta es la década que marca la frontera para tu piel. Debes ser disciplinada en
cuanto a los cuidados y mimos.
¿Qué hacer?
Además de la limpieza profunda, que se debe practicar en la mañana y en la
noche, es indispensable agregar a la rutina de belleza las cremas antiedad.
Hay que sumar las cremas para contorno de ojos y los humectantes de labios.
Para evitar que se acumule grasa en abdomen, caderas y piernas, se deben emplear
productos anticelulitis.
La piel de los brazos entre el codo y la axila comienza a relajarse, de modo que
el ejercicio y las cremas reafirmantes son las