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Todos deseamos ser amados y compartir el amor con quien
nos inspira tan noble sentimiento. Si además dicha relación se efectúa
dentro de las normas instituidas por la sociedad, comprometiéndose en
matrimonio, esto da como resultado un estilo de vida calificado como
"ideal y satisfactorio".
Pero, ¿qué sucede cuando dicho compromiso se rompe por innumerables
causas, entre ellas separaciones, divorcios o pérdida de uno de los
cónyuges?
Existen marcadas diferencias que determinan el hecho para que una vez
concluido un matrimonio, se inicie otro, como lo son: las diferencias
entre sexos, la edad, el nivel sociocultural y la madurez emocional entre
otras.
Los hombres se vuelven a casar
Mientras de cada 10 hombres que concluyen una relación matrimonial, ocho
tarde o temprano son "felices reincidentes", en contraposición, de cada 10
mujeres en la misma situación, ocho permanecen solteras, mientras dos lo
piensan mucho antes de involucrarse sentimentalmente en una relación de
compromiso, como lo es el matrimonio.
¿A qué se debe que esto ocurra? ¿Cuáles son las causas que provocan que
las mujeres cada vez más frecuentemente expresen: "¿Yo... volverme a
casar? Ni loca". ¿Qué buscan los hombres en un nuevo matrimonio?, y ¿qué
inhibe a las mujeres a huir de este vínculo?
En gran parte de la sociedad actual persiste el control económico,
afectivo, emocional del hombre sobre la mujer.
Erróneamente se piensa que a menor nivel socioeconómico y cultural
prevalece el abuso de las esposas como un grave problema social, cuando es
bien sabido que esto sucede en cualquier ámbito.
Chodorow ha señalado las contradicciones entre las necesidades emocionales
del hombre y la mujer expresando que el hombre tiende a tener límites más
rígidos en su ego y a ser más controlado emocionalmente; la mujer es más
dependiente.
Si bien es cierto que estas aseveraciones tienden a cambiar, también lo es
que el proceso es lento y que el costo social para el matrimonio como
institución, aún se desconoce.
La mujer trabaja más
Estudios de tiempo y presupuesto revelan que existe un patrón consistente
de que la mujer realiza mucho más trabajo que el hombre. Aquellas
dedicadas exclusivamente a las labores del hogar consideran a éstas
repetitivas y de aislamiento.
Su trabajo es menos visible que el trabajo remunerado, reditúa poco
"status social" y ninguna independencia económica.
Para quienes además desarrollan alguna actividad o profesión fuera de
casa, se enfrentan a dos situaciones: proveerse de ayuda doméstica (si es
que la encuentran) o trabajar además de su jornada laboral de 26 a 35
horas adicionales a la semana para mantener "el hogar en orden".
¡Bendita liberación femenina! Manifiestan algunas mujeres con ironía,
refiriéndose a la situación actual de parejas.
Mientras me realizo personal y profesionalmente, debo pensar: "Saliendo
del trabajo llegaré al súper", "tengo que comprar el material para que mi
hijo termine la tarea", "olvidé dejar funcionando la lavadora"; son
expresiones frecuentes en mujeres que trabajan fuera del hogar.
Las generaciones de madres de los 70 y 80 que han vivido éstas y otras
expresiones similares, pretenden educar a sus hijos cambiando los
esquemas.
De tal forma que es cada vez más común ver parejas de jóvenes compartiendo
responsabilidades y derechos.
Y es que el matrimonio es "cuestión de dos", cuando no se pasa del plano
del "yo" al "nosotros", no se tiene nada que ofrecer.
Buscar primero la propia felicidad
Aunque sea brevemente, parece haber un cambio de actitud tanto de parte de
los hombres, como de las mujeres, a favor de una mayor equidad.
Mientras los hombres que hoy en día inician un nuevo matrimonio, deciden
rectificar rumbos y prodigar a su nueva pareja lo que no estaban
dispuestos a conceder a la anterior, las mujeres parecen estar dispuestas
a demostrar que el estar sin un hombre durante buen tiempo, no parece ser
un estado tan desolador como lo era antes.
Conservar la libertad de elegir cómo vivir e ir en busca de la propia
felicidad representa lo único importante para ambos sexos.
Cuando se es esclavo de algo o de alguien, no se puede pensar, hablar,
sentir ni actuar libremente.
Para iniciar satisfactoriamente una nueva vida en pareja, se requiere
aprender a valorarse, respetarse y cerrar heridas.
¿Qué buscan en sus segundas nupcias?
Sin embargo, ¿cuáles son algunos aspectos que buscan satisfacer
quienes inician un nuevo matrimonio?
Van desde los más disímbolos e inconcebibles, hasta los concretos y
realistas.
Hay quienes buscan simple compañía, llenar vacíos y tiempos existenciales;
otros van en pos de comunicación, afecto, amor, intimidad; los hay también
que se unen por status y conveniencia económica; y aún más, aquéllos para
quienes la primera experiencia no resultó enriquecedora y caen en la
trampa de "embarazos inesperados".
Lo cierto es que las expectativas aumentan en una nueva relación, se
espera siempre que la nueva pareja sea capaz de sortear las dificultades
posibles o reales que pudieran presentarse.
Por otra parte, quienes se involucran en una nueva situación sentimental
suelen ser "más prácticos". Discuten con su pareja abiertamente los
asuntos relacionados con el nuevo estilo de vida deseado, antes del
matrimonio.
Pretender que el simple hecho de cambiar pareja, traerá como resultado
inmediato la anhelada felicidad, resulta ilusorio.
Solo/a o en pareja, es dentro de sí mismo/a, donde se encuentran las
verdaderas razones para ser feliz.
Nunca será válido iniciar algo sobre las bases de la incertidumbre acerca
de los sentimientos hacia la otra persona, o el engaño y falsedad de
"probar para ver si funciona".
Sea cual fuere la decisión tomada (permanecer solo o contraer matrimonio
de nuevo), deberá basarse en la honestidad, el respeto y la verdad.
Vivimos en una sociedad permisiva, en la que una de sus características es
que todo cambia, se usa y se desecha. "Hoy no funcionó, pruebo de nuevo".
El matrimonio es el mejor camino para la felicidad, pero también el más
difícil.
Antes de iniciarlo de nuevo valdría la pena preguntarse: ¿Hay algún
momento "bueno" para volver a casarse?
A algunos les toma más tiempo del que habían esperado, "para finalmente
terminar haciéndolo", para otros es circunstancial, hay quienes piensan
que es cuestión de "toma de decisiones" y de "ahora o nunca".
La verdad es que todo ser humano tiene derecho a maximizar sus
experiencias, decidiendo responsable y libremente cómo desea vivir el
resto de su vida, cuando sienta que se encuentre preparado para vivir y
convivir, no sólo siendo feliz, sino haciendo felices a quienes le rodean.