Cada vez son más las mujeres que declaran cambiarse de acera y pasar
olímpicamente de los hombres. Y parece que tienen argumentos de peso: mayor
comprensión y afinidad, total complicidad, y un sexo que supera con creces al
heterosexual.
¿Por qué una mujer de repente prefiere a otra mujer como compañera sentimental?
Está claro que el derecho a elegir la propia sexualidad ha dejado de ser una
utopía y es mucha la gente que, tras años de ocultar sus tendencias, decide
salir del armario.
Pero, ¿cómo se pasa de una orientación sexual a otra cuando no hay una clara
tendencia homosexual? Para intentar aclararlo, hemos hablado con tres mujeres
que mantienen relaciones homosexuales o lo han hecho en algún momento de su
vida.
Clara: "Me enamoré de la persona"
A Clara, una enfermera de 28 años, le sorprendió tanto como a sus amigos
enamorarse de otra mujer.
“Era mi supervisora en el hospital. Cuando empezó a insinuarse, yo me enfadé
mucho, pero después me hizo pensar en por qué se había fijado precisamente en
mí. ¿Se me veía en la cara o algo así? El caso es que al principio le dejé claro
que no me iba ese rollo, pero no sé cómo, me acabó picando la curiosidad y
empecé a sentirme atraída por ella. Mis amigos fueron muy tolerantes, incluso me
decían que probase para salir de dudas."
"Lo hice, y no sólo nos enrollamos, sino que al mes nos fuimos a vivir juntas.
Quienes se lo tomaron muy mal fueron mis padres, que pensaban que me había
convertido en una degenerada. Y yo no sentía que de repente me hubiera vuelto
lesbiana, ya que no me habían dejado de gustar los hombres. Simplemente, me
había enamorado de una persona, sin tener en cuenta su sexo."
"Pero la cosa no funcionó y nos separamos. No pensaba que aquello estuviera mal,
pero sí reconozco que empecé a plantearme la cuestión de los niños y la cantidad
de problemas que conlleva una relación homosexual. Ahora estoy saliendo con un
chico, pero no descarto que vuelva a gustarme otra mujer."
Marta: "Siempre supe que era gay"
El caso de Marta es completamente diferente al anterior y está lleno de
prejuicios y miedos. Esta santanderina de 35 años, periodista y madre de dos
niñas, estuvo cinco años casada antes de conocer al “amor de su vida”.
“Yo tenía claro desde pequeña que me gustaban las chicas, pero me parecía
anormal y malo, así que evitaba ese tipo de pensamientos. Como cualquier chica
de mi edad, fingía interesarme por los chicos y me enrollaba con algunos, aunque
en el fondo pasaba mucho de ellos. Por cierto, que mi desinterés no fingido me
hizo romper muchos corazones."
"A los 29 años conocí a Javier, un hombre encantador y muy inteligente con el
que decidí formar una familia. Y no me arrepiento, porque uno de mis mayores
deseos era ser madre. Pero en seguida nos convertimos en amigos y dejamos de
lado el sexo."
"Cinco años después de casarnos, conocí a Olga en un viaje de trabajo. Fue un
flechazo, por primera vez en mi vida tuve claro que quería pasar el resto de mi
vida con otra mujer. Tuve suerte porque ella era gay y se dio cuenta en seguida
de cómo la miraba. A la semana de conocerla -y de acostarme con ella- se lo
conté a mi marido, quien fue más comprensivo de lo que yo esperaba porque
tampoco estaba enamorado."
"Ahora ella es mi pareja, con todas las consecuencias, y me siento más querida y
comprendida que en toda mi vida. Después del shock inicial, mi familia ha
aceptado que viva conmigo y con las niñas, ya que es una persona muy humana y
muy maternal."
Carmen: "Estaba harta de los hombres"
“Con Carlos me llevé el palo de mi vida”, nos cuenta Carmen, una abogada de 32
años.
"Al mes de irnos a vivir juntos, empezó a beber y a tomar drogas a diario. Hice
todo lo que pude para ayudarle, incluso dejé de ver a mis amigos porque era muy
celoso. De repente, una noche que salí a cenar con mis amigas, al entrar a casa
me empujó, me insultó y me dijo que recogiera mis cosas porque no quería verme
más."
"Me quedé destrozada, perdí el interés por todo y sólo me encontraba segura en
compañía de otras mujeres. Hasta que, sin planteármelo, acabé en la cama con una
chica que conocí en una fiesta. Aunque estaba súper asustada, el sexo y las
sensaciones fueron increíbles."
"No sigo con ella, pero me he pasado definitivamente al bando femenino: con otra
mujer las relaciones se establecen de igual a igual, no existe el miedo de los
hombres a hablar sobre sentimientos y se comparte mucho más. Con otra mujer
puedes llorar, compartir cama o ir de compras. Me siento más segura de mí misma
porque tengo los mismos complejillos o defectos que pueda tener ella.”
Sexo increíble
Todas las mujeres homosexuales o que han tenido alguna experiencia gay a lo
largo de su vida coinciden en lo mismo: el sexo entre mujeres está en otra
dimensión.
Las tres protagonistas de nuestro artículo lo confirman:
- “Una mujer sabe perfectamente lo que quiere otra mujer en la cama”, dice
Clara.
- “El cuerpo de una mujer es mucho más bonito, erótico y suave que el de un
hombre”, añade Marta.
- “Con una mujer sí puedes mezclar amor y sexo, emocionalmente el sexo con una
mujer no tiene comparación”, concluye Carmen.