Las reuniones y fiestas de fin de año son ocasión para que los jóvenes se
luzcan, ellos y ellas se preocupan por cuidar su apariencia y mostrarse como
mejor les parece. Hasta allí todo está bien, pero la anorexia es una grave
acechanza para las mujeres adolescentes o jóvenes adultas.
Cuidar la línea, ya sea por razones de salud o estéticas no está nada mal, pero
nadie debe pasarse de la raya, pues el deseo de lucir extremadamente delgadas ha
llevado a unas 200 mil muchachas mexicanas a sufrir la grave anorexia.
Especialista del Instituto Mexicano del Seguro Social dicen que se trata de
severo y prolongado desorden alimentario, caracterizado por una importante
pérdida de peso corporal, la restricción total de la ingesta de alimentos, una
conducta inducida o auto-impuesta y una actitud incontrolable que –con
frecuencia- es acompañada de exceso de actividad física.
La anorexia tiene un fuerte vínculo psicológico, debido a que quienes la padecen
piensan que ser delgadas es sinónimo de éxito y atractivo sexual, a tal grado,
que se convierte en una obsesión el mantener un cuerpo esbelto, explica el jefe
de Enseñanza de Nutrición y Dietética de la Unidad Médica de Lomas Verdes del
IMSS, Luis Miguel Garibay Ortiz.
Los números de víctimas son importantes, pero más el hecho de que la estadística
incluye sólo a pacientes diagnosticadas como anoréxicas, a ellas hay que sumar
los casos que no se registran y que van en aumento.
Una víctima del mal, señala, es tratada por especialistas en nutrición, que le
brindan un plan nutricional y complementos vitamínicos, pero además reciben
terapia psicológica.
En los huesos
Los pensamientos que llevan a la anorexia derivan de presión social e
incluso familiar, lo cual produce estrés y ansiedad, que provoca un intenso
miedo a subir de peso y, de manera paralela, genera enorme inseguridad,
particularmente entre las jovencitas.
El especialista recomienda a los padres de familia estar muy atentos en el
comportamiento de sus hijos, particularmente hijas, para acudir con el médico
familiar sobre todo sí muestra síntomas.
Las señales de alerta incluyen súbita pérdida de peso, insatisfacción con su
imagen corporal, irritabilidad, insomnio, tristeza o sentimientos de odio hacia
sí misma y conductas irracionales; antes, durante y después de comer, así como
un elevado interés por consumir productos light.
Asimismo se observa que la víctima es “adicta a la báscula”, llega a pesarse
hasta seis veces al día, además de que tarda más de diez minutos en masticar un
bocado de comida.
El nutriólogo Garibay Ortiz indica que no obstante que no es un padecimiento de
origen genético, la víctima repite las conductas de hábitos alimenticios
familiares, y es común que el paciente, rechace o niegue la enfermedad.
Desafortunadamente, el registro de pacientes con anorexia en el Seguro Social es
mínimo, ya que cuando se atienden es en los Servicios de Urgencias, al cual
llegan, y de manera esporádica, pacientes por pérdida de conciencia.
Otras afectadas por la enfermedad sufren deshidratación severa, insuficiencia
renal, intoxicación por la ingesta en exceso de diuréticos y laxantes y, en
casos graves, por una descompensación electrolítica. Todas estas alteraciones
pueden provocar la muerte.
Una mirada a como lucen los hijos, puede ser la llave que ayude a cerrar la
puerta de entrada de la peligrosa y extrema delgadez a las cuales conduce la
anorexia.