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El perdón
Es una de las materias más difíciles de aprender. Consideramos que guardar
rencor es más fácil y más seguro, ya que esto impide que las personas que en
algún momento nos hicieron daño, no nos vuelvan a lastimar. Nada está más lejos
de la verdad. Todos los procesos de perdón te traen el regalo de la salud y la
alegría. Muchas enfermedades nacen de resentimientos o ira reprimidos, que
terminan produciendo en el organismo sustancias dañinas que afectan nuestra
salud y bienestar.
Pero, ¿qué sucede cuando la persona que nos dio la vida, nuestra madre, es por
múltiples motivos la persona con la que estamos enojados, resentidos, irritados
y no podemos personar porque sentimos que nos hirió. ¿Cómo podemos comprender
que ese estado de rencor hacia nuestra madre nos está perjudicando en todas las
área de la vida?
Asumir responsabilidad
El primer paso en el proceso de perdonar es reconocernos como creadores de
nuestra realidad. Aunque pensamos que no elegimos a nuestras madres, podemos
elegir tener o no una buena relación con ellas.
Debemos mantener presente que cada situación que creamos en nuestra vida
contribuye a nuestro crecimiento, ayudándonos a superar ciertos detalles que aun
necesitan sanar dentro de nosotros.
Adoptar una actitud positiva hacia la vida
Nos coloca en la ventajosa posición de evitar caer en la posición de
víctima. Muchas veces por culpa de no poder personar a nuestras madres asumimos
este papel para no hacernos cargo de nuestros errores. Muchas veces a nuestra
madre le sucede lo mismo y copiamos este patrón o modelo de relación.
Al cambiar nuestra actitud, es sencillo tomar conciencia que las situaciones
vividas eran necesarias para nuestro crecimiento y que a veces las situaciones
que vivimos con nuestras madres fueron para hacernos más fuertes y seres
evolucionados.
Tomar conciencia
En este paso reconocemos que tenemos la tendencia a automáticamente asociar
una serie de juicios, interpretaciones, cuestionamientos y creencias a las
situaciones que vivimos diariamente. Y que muchas veces juzgamos a nuestras
madres con valores muy infantiles. El reconocer que esta actitud existe en
nosotros puede ayudarnos a ser capaces de perdonar más fácilmente, y a
aceptarnos aún a pesar de lo que podamos considerar son nuestras opiniones más
censurables.
Estar dispuestos
Una vez que nos permitimos llevar a cabo los anteriores pasos nos colocamos
en la ventajosa posición de ser capaces de ver la perfección en cada situación
que se presenta en nuestras vidas. Desde allí podemos agradecer a la vida por
las oportunidades para crecer que nos brinda, y a los otros partícipes por
permitirnos compartir con ellos la experiencia, y al fin reconocer que todos
resultamos beneficiados.
Desde esta perspectiva, asumir la disposición de perdonar es tan sencillo como
reconocer que todos los participantes simplemente hemos sido actores en la obra
de teatro que es la vida, y que cada uno simplemente ha desempeñado su papel
desde lo mejor de sus capacidades.
Elegir la comprensión y el amor
El poder de elegir es uno de los mayores poderes con los que estamos dotados
los seres humanos, y podemos emplearlo para unirnos al poder de la Paz.
Podemos elegir sentirnos en Paz con nosotros mismos primero, y con todo y todos
quienes nos rodean, al ejecutar cualquier acción que sea requerida de nosotros
en nuestro diario obrar.
Ejercicio
Busca un lugar tranquilo y relájate. Trata de ver, sentir y crear la energía
de esa afirmación. Cuando sientas que el ejercicio concluyó, abre los ojos con
la seguridad de haber creado una nueva zona de bienestar y evolución en tu vida.
"Yo, (tu nombre), perdono a mis padres por la manera en que me trataron. Yo (di
tu propio nombre,) merezco amor."
También puedes invocar al ángel perdón, para que te ayude a reparar y curar
todas las heridas que hayan quedado.
Sólo basta perdonar para darnos la oportunidad de vivir en libertad. Perdonar a
nuestra madre es crear una nueva vida llena de alegría para nosotros mismos y
abrir nuestro corazón al amor.