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Es un método natural que protege y alimenta al bebé, que ofrece contacto
personal y cariño y que, además, es económico. Sin embargo, no todos los
bebés son alimentados con leche materna, ya sea porque así lo decidieron sus
madres o por otras razones.
No te sientas culpable con la decisión que tomes. Lo importante es que
cuentes con la información necesaria que te ayude a tomar la decisión con la
que te sientas más cómoda, la cual, sin duda, se verá afectada por estilos
de vida, trabajo, actitud, disponibilidad de tiempo, etcétera.
Las mamas son glándulas que contienen sacos, que a su vez contienen células
secretoras. Estos sacos están agrupados en lóbulos y cada lóbulo tiene un
conducto para conducir la leche hasta el pezón. Durante el embarazo
profundos cambios hormonales preparan la lactancia, por lo que los pezones
se volverán oscuros y probablemente más largos, además de que ganarán tamaño
y peso, y algunos vasos sanguíneos se volverán visibles a través de la piel.
Es posible que alrededor del quinto mes de embarazo, o quizás más tarde,
comiences a secretar calostro. Tan pronto como el bebé nazca y sea expulsada
la placenta, algunas hormonas lograrán la producción de leche en forma
regular. El calostro contiene proteínas y otras sustancias que alimentarán
al bebé, así como anticuerpos que lo protegerán contra infecciones.
Cada vez que el bebé empieza a alimentarse se envía una señal a la hipófisis
cerebro y ésta libera una hormona que logra secretar la leche. Este proceso
toma entre 2 y 3 minutos después de que el bebé comienza a succionar, pero
puede hacerse lento por estrés, ansiedad o dolor. Mientras más leche toma el
bebé, más leche se produce.
Algunas de las ventajas de dar leche materna al bebé son:
Es la alimentación más balanceada para un recién nacido normal, pues le
proporciona todos los nutrientes que requiere y en la cantidad que necesita.
Es más fácil de digerir.
Protege al bebé del desarrollo de futuras alergias y de infecciones ya
que contiene anticuerpos.
La lactancia también ayuda a la madre, pues favorece la contracción del
útero y logra que éste retorne más rápido a su tamaño normal.
Protege a la madre de infecciones intestinales y pulmonares.
Provee contacto muy cercano entre la madre y su hijo, favoreciendo la
relación entre ambos.
Cada mujer puede producir leche y, por tanto, puede lactar. No depende del
tamaño de los senos ni tampoco del pezón. Aun mujeres con pezón invertido
pueden lactar, aunque puede ser doloroso. Es importante que durante el
embarazo no estimules tus pezones para “prepararlos” para la lactancia. Esto
no ayuda y puede provocar contracciones y trabajo de parto prematuro. Si tu
bebé nació por cesárea, tampoco afecta la lactancia. Tienes las mismas
posibilidades de dar leche materna a tu hijo que las madres que tuvieron un
parto normal.
Pese a lo todo lo anterior, la lactancia no es para todas las mujeres. Si
por buenas razones has elegido alimentar a tu hijo con fórmula, no te
sientas culpable, es perfectamente sano y seguro, aunque deberás asegurarte
de lavar muy bien y esterilizar todo lo que esté en contacto con la comida
del bebé para evitar que contraiga infecciones, pues los recién nacidos son
muy vulnerables a ellas. Nunca guardes el alimento ya preparado por más de
24 horas. Las indicaciones de tu médico pediatra serán útiles para elegir
leche adecuada para lactantes.
En este caso necesitarás, además, medicamentos para evitar la producción de
leche, un sostén adecuado, higiene y aplicarte hielo para tolerar las pocas
molestias que puedas tener. La producción de leche se detendrá en pocos días
o semanas.
En conclusión, lo importante es que te hayas informado adecuadamente sobre
la lactancia, independientemente de la decisión que tomes. La lactancia es
importante pero no es indispensable. Si no lactas, dale a tu bebé mucha
atención, cariño y calidez, el contacto entre ambos no debe ser menor sólo
por este hecho