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Andaba yo por unas calles que no podría recordar, aunque quisiera
regresar a ellas, cuando tropecé con una tienda que parecía sacada de la
película de Harry Potter, cuando como buena mujer la curiosidad me atrajo
hacia adentro, entre el miedo y la curiosidad ganó la segunda, así es que
perdida perdida, tratando de regresar a casa sana y salva y antes de
oscurecer, entré a esa tienda...total no me iba a quitar mucho tiempo
entrar, y no podría sucederme nada.
En la tienda estaba todo oscuro, aunque con iluminación tenue, pero
atrayente, y había frascos del piso al techo, que bien creo que hubieran
podido haber pertenecido al Gran Maquiavelo, a Rasputin, a Cleopatra, no
sabes que cosas había en esa tienda, pero llamó mi atención de sobremanera
una pecera grande que decía simplemente, EL PRÍNCIPE AZUL . . . .
Te imaginas? Así decía el letrero sobre esa gran pecera obviamente verdad te
imaginas mi atención se centró en ese gran cubo de cristal, que para mi
sorpresa estaba lleno de pequeños sapos, le pregunté a la Señora que atendía
la tienda, que de verdad fácil tendría unos 800 años, le pedí que me
explicara qué era esto del príncipe azul y la pecera, osea que onda no? Y me
contestó muy tranquila: “Se convierten en príncipes”.
Nombre se me hizo que se había metido algo la Señora, hasta traté de oler a
ver si me daba alguna pista, así es que aspiré más fuerte, pero se veía
normal, al decir esto, me explicó que había que seguir las instrucciones
solamente, así es que me dio un pequeño librito, ella sacó un cuadernito al
azar de una gran canasta llena de diferentes libritos de muchos colores, al
tiempo en que me aseguraba que “todos eran iguales” .
Sólo tienes que seguir las instrucciones al pie de la letra y mañana a esta
hora tendrás a tu príncipe. Que cosas te imaginas, estaba yo bueno me sentía
como si fuera la protagonista de una película, no recuerdo cómo llegué a mi
casa con un sapo en una cajita guacala, y nada más dejé el sapo en la mesa,
y que le marco a mi amiga soltera igual que yo, ambas jóvenes, ricas,
atractivas y exitosas, (jajaja) pero solteras con una suerte tan mala en el
amor, que una limpia con huevos de gallina negra no nos haría daño, y las
dos bueno pensando aja si claro se va a convertir un sapo en príncipe en
pleno siglo veintiuno, aunque con estas soledades una es capaz hasta de
besar sapos me cae, me preparé un café y me senté con el sapo enfrente y el
libro, ya leyendo dice: “Aclaración: Los sapos encantados se alimentan de
amor, cada media hora exactamente, debes decirle a tu sapo palabras
cariñosas, tiernas, decirle piropos, hazlo sentirse un príncipe no un sapo,
para que se convierta en uno, alimentalo con mucho amor”.
Ufff si claro ya estaría yo cada media hora con estos 3 empleos que tengo y
con los N mil pendientes te imaginas, y total si lo hago y nada, me iba a
sentir la más bruta de este planeta, pues con todo y todo, que me aviento.
Total como todos somos criaturitas viviendo en este planeta el amor no está
de más, así es que si le doy un poco de amor al sapo a lo mejor mejora mi
Karma.
Cheque mi reloj y volví a ver al sapo que cosas hace una me cae, pensaba
para mis adentros, y ahí estoy poniendo la alarma cada 29 minutos pa no
errarle, no me fuera a fallar, total que lo veo, le agarro valor a la
situación y pues lo agarré entre mis lindas manitas, pero mira que busqué y
busqué muy adentro de mi para sacar inspiración, y ahí estoy sintiéndome la
mujer más tonta de este mundo, diciéndole a ese sapo: “Eres hermoso, te
amo”, me sentí totalmente tonta, de verdad, pero de repente sale una luz
dorada del sapo, hasta me deslumbró me cae, y hasta puede que escuché
campanas, que onda, te imaginas, ya estaba yo un poco emocionada, así es que
me esperé hasta la próxima media hora con el sapo en mis manos, osea que iba
a ser una larga noche pero ya estaba yo hasta emocionada para ver que onda,
no? Cuando vi al sapo solo vi un sapo, común y corriente, frío y medio
baboso, pensé que estaba delirando tal vez de cansancio, la neta hasta el
hambre se me fue, a la media hora justo, bueno 29 minutos, volví a hablar
con el sapo, y le dije: “Eres un príncipe, el más hermoso de todos, te amo”,
uff la luz dorada ahora fue mucho más intensa que antes, del sapo salió una
luz dorada aún más intensa, y el sonido de campanas de verdad se escuchaba,
y así me la pasé todo el día, cada media hora me la pasé diciéndole al sapo
las cosas más hermosas que cualquier ser humano pudiera pensar, le hice
poesías, le dije que lo amaba, y lo hermoso que él era, y cada vez la luz
dorada era más y más intensa, más resplandeciente, y las campanas de verdad
se escuchaban cada vez más y más. Bueno hasta preferí dejar de comer, no
contesté teléfono, no revisé correos, no hice nada más que estar con el sapo
todo ese día estuve dedicada en cuerpo, mente y alma al sapo, bueno ni al
baño fui.
Al día siguiente estaba tan cansada no sé si fue el no haber dormido o el
darle tantos besos al mentado sapo en el hocico(si seguro pensarás que estoy
loca, osea guacala que asco jamás lo hubiera creído si alguien me hubiera
dicho que algún día lo iba a hacer). Me quedé dormida y cuando me desperté
al lado mío estaba... es que no me lo van a creer, estaba un hombre de no
inventes, un hombre bueno pero qué hombre, para comérselo, se sueño, que
calendario, qué Brad Pitt, que Gael García osea no, uno de sueño.
Cuando él se volteó a veme y me dijo: “Gracias por romper el hechizo, soy tu
príncipe, ¿Me amas?” No lo pensé ni una vez, luego luego le dije si, claro
que te amo (bueno ya sé que no es cierto, pero si lo ves le dices lo mismo,
neta) y es que estaba más que perfecto, y me dice: “Mientras más me ames,
más hermoso” uuff no es que es una grosería pensé no hay manera de que este
mmmmm maravilloso ejemplar pueda verse mejor, me cae.
Nombre me decía a cada rato, dime que me amas, dime cuánto me amas, y yo
toda mensa es que no es algo de todos los días, ni en la tele de verdad,
siempre le decía mucho, mucho, al infinito y más allá. Y me preguntaba: ¿Qué
serías capaz de hacer por mi? Y yo le contestaba: TODO, TODO, TODO.
Claro que se lo decía porque no quería perderlo, ni perder todas esas noches
de pasión que bueno en buena onda, acá entre nos, ya me urgían. Ya me las
merecía, de verdad.
Le compré ropa a mi príncipe porque no tenía, y la verdad es que no podía
andar así por la cuidad sin ropa levantando bajas pasiones entre las mujeres
y envidias entre los hombres (acuérdate que era un príncipe, casi perfecto).
Aunque yo era feliz viéndolo sin ropa pero no iba a compartir mi dicha con
las otras, para qué levantar envidias ¿no?.
Claro que como era un príncipe era muy pero muy fino, y quería siempre ropa
carísima y claro que lo tenía que llevar a comer y a cenar a los mejores
lugares, no él no iba a comer tacos en la esquina ni a echarse unas quecas
(quesadillas) , y es que él era un príncipe.
Un día mientras yo limpiaba la casa, y lavaba su ropa tomó mi coche sin
avisarme y lo chocó, pero regresó diciéndome que me había hecho un favor,
porque ese coche estaba muy feo y ya era viejo (del año pasado), y aparte
que él no se veía bien en él, claro imagínate yo no acababa de pagarlo aún,
pero no sé, estaba yo tan embobada que no le di importancia.
Claro mi príncipe resultó ser un tipo prepotente, snob, creído y no paraba
de decirme todo el tiempo, todo el día, a cada minuto, que yo era demasiado
afortunada de tenerlo a mi lado, después de todo, no todas podían tener a un
príncipe a su lado (&%#=?¡&%$ príncipe)
Las exigencias de mi príncipe fueron aumentando, además de las comidas
carísimas, las cenas extenuantes, el coche nuevo, la ropa de marca, tuve que
darle una gran parte de mi sueldo, si no es que todo, mis vacaciones, y para
esto, tuve que trabajar horas extras, y entonces fue que mi príncipe comenzó
a quejarse porque se sentía solo, y me decía que yo ya no lo amaba como
antes, las cuentas seguían llegando a mis manos, bueno casi me daba un
infarto, me enojaba tanto llegar a mi casa a las diez de la noche, después
de haber tenido que trabajar horas extras para darle gustos al príncipe, y
encontrármelo en la casa, viendo la tele todo el tiempo, sin recoger ni un
plato, y eso sí como era príncipe con su coñac en la mano, o un whiskey si
ya estaba yo muy pobre.
Llegué a mi habitación y fue cuando el mundo me cayó encima, y me vi en el
espejo, mi mirada estaba apagada, mi cabello necesitaba con urgencia ir con
RAMUA (mi estilista que hace rato no veía), mis manos extrañaban a Queta (mi
manicurista y pedicurista estrella) y mis pies lloraban por ella. Hacía
tanto que no me compraba ropa nueva, para que él se diera sus lujos, y
encima me dijera qué, “Los príncipes no dan explicaciones”.
Y para no hacerte el cuento largo, un día llegué a la casa y el (/&%$$)
príncipe me dice que se fue a buscar lo que no tenía en la casa, porque yo
no lo amaba y no lo atendía como se merecía, ya que él era un príncipe, me
dijo que no me arreglaba para él, que no hacía nada por él, y que si no
hacía nada por él se iba a ir, me iba a dejar y yo me moriría de tristeza
porque sin él no iba a poder vivir,y es que seguramente yo no quería
perderlo, era un lujo que no podía darme; ya que él era un príncipe, me
gritó: “Soy un príncipe, soy lo mejor que tienes en tu vida, y lo mejor que
jamás podrías tener” (/&&%% Príncipe &$$#).
Pensé en todas las cuentas que tenía por pagar, en las horas de trabajo
extra, en las juntas y las clases que cancelé por dedicarle tiempo a él, en
el cansancio que había sentido tantas y tantas veces, en la frustración, la
rabia, estaba yo enojadísima, súper- archi- requete -mega- enojadísima, algo
que no puedo decir enca......bueno lo que te diga es poco, total que me
lancé a mi closet y busqué en la caja de los cachivaches, y afortunadamente
encontré el manual, el famoso librito azul con el que empezó esta aventura,
y en la última página con letras tan pequeñas como pulguitas decía: “Para
deshacer el hechizo, basta con recordarle al príncipe que es un sapo, basta
recordar que tú eres real, basta con que recuperes la fe en ti misma, basta
que entiendas que no necesitas a un príncipe azul a tu lado para ser feliz”.
Hijo de su anfibia madre, me las iba a pagar, de verdad. Me sentía más
valiente y más enojada que Camelia la Tejana.
En más rápido que en infinitum, bajé corriendo las escaleras y me planté
enfrente de este príncipe, que graciosamente ya no me parecía ni tan
hermoso, ni tan perfecto, ni tan maravilloso y le grité: “Eres un sapo”. Se
puso furioso y me gritó: “No, Soy un príncipe, soy lo mejor de tu vida”
Le grité: “Eres un sapo, que das asco”, me gritó que No, nuevamente, pero
ahora en su voz había inseguridad, y no sabes qué gusto me daba escucharlo
así, “Tú me amas no puedes perderme, no puedes vivir sin mí, no eres nada si
no estoy a tu lado”, en ese momento me dio mucha risa, no pude contener las
carcajadas, y me preguntó qué porqué me reía, que como me atrevía a reír de
esa manera en este momento, le contesté: “Eres un idiota, sapo infeliz,
quién va a necesitar semejante animal tan asqueroso como tú...” . Y entre
más le decía yo, entre más le gritaba cosas que bajaban su autoestima y me
devolvían la mía, se empezó a hacer chiquito, hasta el punto en que volvió a
ser sapo, en ese momento lo metí a su caja y corrí nuevamente hasta el
centro de la Cuidad y no sé cómo pude dar con la tiendita escondida, (busqué
la tienda con amigas que querían un príncipe también y nunca la
encontramos). Cuando llegué la vendedora parecía estarme esperando, se
sonríó y me repitió nuevamente.
“TODOS SON IGUALES”, sólo es cuestión de que te endioses con ellos para que
se crean la octava maravilla, y hagan de ti lo que quieran, tomó la caja con
el sapo, y lo echó en la pecera de nuevo.
En resumidas cuentas, mujeres, tengan mucho cuidado no traten al hombre como
un príncipe si no es más que un simple y &/”#$!*]* sapo. Esta es la neta,
son lo que nosotras queremos que sean, no más no menos. No les des todo el
poder sobre ti, y sobre tu vida, es una pareja para vivir a la par, no
arriba ni abajo, sino en el mismo escalón.