El sexo es algo que debe, idealmente, experimentarse en condiciones de
armonía entre los deseos y las convicciones y, si estas son restrictivas en
cuanto a su realización mas difícil será para el individuo, experimentarlo
con placer. A la vez hay un tiempo de aprendizaje y familiarización con el
cuerpo y sus sensaciones, y es bueno descubrir al otro y descubrirse.
Para quienes decidan ponerlo en práctica, es importante conocer que las
incertidumbres y los miedos son lógicos en la primera vez. Lo ideal es tener
confianza en la pareja y encontrarse en un buen clima (un lugar íntimo y
tranquilo). Como el sexo es más amplio que la penetración en sí, hay muchas
formas de dar y obtener placer.
Para la mujer será muy importante si la iniciación se da en un contexto de
amor y ternura o al menos un trato delicado y respetuoso.
Se pueden practicar algunas variantes del sexo hasta sentirse más segura y
relajada. Es importante comenzar con juegos previos a la penetración.
Las caricias, la estimulación manual, los besos son fundamentales para
lograr la excitación, permitiendo tener una adecuada lubricación para de esa
forma lograr la penetración, la cual no tiene por que ser dolorosa. De todas
formas muchas veces sucede que hay "varias primeras veces", hasta alcanzar
la penetración completa, ante todo hay que tener paciencia y no descuidar
que los juegos previos son tan importantes como la penetración en si.
El himen es una delgada membrana que se encuentra a pocos milímetros de la
entrada de la vagina.
Hay mujeres que congénitamente carecen de himen; hay otras que lo tienen
pero no esta perforado y hay mujeres que tienen un himen de gran elasticidad
por lo tanto, prácticamente no hay sangrado ni se observa dolor alguno y
puede no romperse hasta después de numerosas relaciones. A la mujer que no
ha sido penetrada sexualmente se la considera virgen y esto supone la
integridad del himen. Es común la idea de que en la "primera vez", la
penetración sea dificultosa, haga sangrar y cause dolor a la mujer.
El himen puede sangrar cuando se desgarra, lo que ocurre durante la
penetración en los primeros contactos sexuales o por lesión accidental.
Desde algunas religiones la virginidad es considerada un tesoro y el himen
su llave. En este sentido, la desfloración (otro modo de designar a la
primera relación sexual de la mujer) es vivida como pérdida y según las
convicciones de quien la experimente, puede vivirse con placer o por lo
contrario con angustia, culpa o una intensificación de las naturales
molestias físicas. La primera vez, muchas veces puede producir cierta
ansiedad, sobre todo a medida que uno va creciendo en edad y aún no ha
pasado por la experiencia.
El paso del tiempo genera a veces una sensación de vergüenza y de haber
"perdido el tren", fantasía que inhibe la posibilidad de un posible contacto
sexual satisfactorio. Es importante diferenciar inhibiciones sexuales de
tipo neurótico de aquellas que se desprenden de concepciones religiosas.
Desde algunas perspectivas religiosas, para muchas mujeres, el acercamiento
sexual que no apunte específicamente a la reproducción es considerado algo
impropio y pecaminoso. Por idénticas razones muchas mujeres no conocen su
cuerpo, ni están dispuestas a hacerlo. Bajo estos condicionamientos no es
difícil que la mujer considere al erotismo como algo vergonzante.
Las posibilidades de experimentar placer en mujeres comprometidas con
sentimientos o convicciones religiosas estarán condicionadas a lo que su
conciencia, le permita. La neurosis perturba generalmente la actividad
sexual pero por otros mecanismos, en cuya base hay profundos temores o
fantasías temidas y reprimidas ligadas a la sexualidad.
El cómo, cuándo y dónde iniciarse en el sexo,
es una cuestión de elección personal.