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En el pasado, el interés del hombre en el sexo era infinitamente mayor
que en las mujeres. Sin embargo, esta diferencia se ha ido acortando de
manera notable desde la segunda mitad del siglo pasado. Esto ha convencido a
los investigadores de que el interés sexual está íntimamente ligado con la
educación, ya que es evidente que la educación femenina cambió mucho a
partir de la segunda mitad del siglo XX. Su liberación sexual determinó su
mayor interés en el sexo.
Las mujeres tienen más dificultad que los hombres para lograr el orgasmo,
pero una vez que lo hacen, sus orgasmos son más intensos y pueden repetirse
varias veces, sin interrupción. En cambio, el hombre tiene que reponerse
totalmente de un orgasmo, para empezar a prepararse para el siguiente.
Los hombre son más inseguros sobre su desempeño sexual, porque tienen
problemas que las mujeres no sufren, como la eyaculación prematura y el
tamaño del pene, en comparación con el de otros hombres.
La capacidad de disfrutar el sexo dura mucho más tiempo en las mujeres que
en los hombres. A los 80 años una mujer puede tener orgasmos tan intensos
como una de 20, aunque su libido (deseo sexual) sea escasa. La libido del
hombre se reduce notablemente después de los 70.
Pese a los cambios educativos de la mujer, ésta todavía tiene inhibiciones
de las que no logra librarse totalmente. Esto explica que le sea más difícil
que al hombre excitarse mediante recursos que ella considera crudos y
obscenos, como las revistas, las fotografías y los videos pornográficos. Si
su cerebro está condicionado culturalmente a que el sexo explícito es de mal
gusto, la exposición a la pornografía no logrará excitarla, sino que ahogará
cualquier deseo sexual que pudiera haber sentido. Eso no les sucede a los
hombres.
La mujer tarda mucho más tiempo que el hombre en prepararse para el coito.
Aún en el mismo ambiente y con los mismos elementos de excitación a su
alcance, el común de las mujeres tarda el doble de tiempo que el común de
los hombres para alistarse. La mujer hace esto con la lubricación vaginal y
el hombre con la erección.
Los investigadores han descubierto que el origen de una exagerada sexualidad
es diferente en los dos sexos. En el hombre es casi siempre un problema
psicológico el que lo impulsa a la promiscuidad. En cambio, en la mujer
ninfomaníaca, hay casi siempre causas físicas, problemas muy reales de sus
órganos sexuales.
La mujer actual está mejor informada sobre las enfermedades de transmisión
sexual que el hombre, cosa que no sucedía en el pasado. Es ella la que más
teme contraer este tipo de males y la que más procura practicar el sexo
seguro.
La capacidad del hombre para excitarse está más relacionada con la vista que
la de la mujer. El hombre usa el sentido de la vista para excitarse,
mientras que la mujer usa más el tacto.