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La caminata diaria nos ayuda a combatir el sedentarismo y prevenir o
detener el avance de muchas enfermedades. Para disfrutar de este estupendo
ejercicio sólo es necesario un buen par de zapatillas, ropa cómoda y una
serie de consejos que exponemos a continuación:
Realiza algunos ejercicios de estiramiento cinco minutos antes y después de
caminar. Empieza progresivamente con el siguiente ritmo: 400 metros todos
los días de la primera semana, 800 la segunda, 1.200 la tercera y así hasta
llegar a los 3.200 metros (32 cuadras) en la décima semana de caminata.
Conserva una buena postura para evitar lesiones: el tronco erguido, los
hombros ligeramente hacia atrás y el abdomen contraído sin forzar. Los
brazos van sueltos a ambos lados del cuerpo, siguiendo el movimiento.
Recuerda no encorvarte y caminar con la frente bien alta. La respiración
debe ser profunda y consciente, al ritmo de la marcha.
De esta forma te aseguras de obtener los mayores beneficios mientras
caminas.
La forma de mover los pies es muy importante: primero debes apoyar el talón,
luego la base y por último balancear el pie hacia delante. Parece fácil,
pero a medida que incrementes la intensidad de la marcha se complicará al
seguir el ritmo.
Concéntrate para que te salga naturalmente.
Las zapatillas deben contar con suela extraflexible, que es la más
cómoda para marchas prolongadas. Además tienen que tener una buena
amortiguación, sobre todo en el talón, un arco marcado y una cubierta que
permita respirar al pie sin problemas.
Evita competir: cada individuo tiene que respetar su propio ritmo y el
esfuerzo nunca debe ser excesivo. Si quitas presión a la hora de caminar
disfrutarás el paseo en plenitud.
Teniendo en cuenta todos los puntos anteriores, finalmente no debes olvidar
que sólo obtendrás beneficios reales si practicas esta actividad física en
una plaza, parque o por las calles con árboles, lejos de los centros urbanos
contaminados