Casarse si amarse
Es más posible que un amor sólido y
profundo surja en una pareja que no se casa con ilusiones románticas, a
que el amor subsista por largos años cuando dos seres se unen en
matrimonio porque se aman profundamente.
Fuente: Olga rosenberg
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¿Se puede encontrar en verdad la felicidad
en el matrimonio, si no se ama al cónyuge? Si resulta tan difícil de
soportar todas las fricciones y las múltiples irritaciones que produce
la convivencia, cuando se ama a la otra persona, ¿no resulta imposible
hacerlo cuando no se le ama?
“El amor es una de las emociones menos confiables que puede experimentar
el ser humano” dice una investigadora conductista. “La mayor parte de
las parejas van al matrimonio llenas de falsas expectativas, de
engañosas ilusiones sobre lo que pueden esperar de la unión, todas
inspiradas en ese sentimiento llamado amor”.
Los enamorados esperan tanto del ser amado y de la vida a su lado, que
la realidad casi siempre los defrauda. Y lo mismo se aplica al hombre
que a la mujer.
En cambio, las parejas que se casan sin amarse, pero con muchos otros
puntos de coincidencia entre ellas, no llevan ilusiones románticas, sino
una actitud muy práctica, que incluye la aceptación de muchas
limitaciones por parte de su cónyuge, que no resultan fáciles para una
persona enamorada.
Por ello resulta más fácil que subsista un matrimonio en el que los
cónyuges no se aman, que uno en el que los cónyuges llegan al altar
amándose en forma apasionada. El amor se desilusiona, la pasión se va
consumiendo, y si sólo existieron esos dos factores para unir a la
pareja, el matrimonio se desmorona en pocos años.
LOS OTROS ELEMENTOS VITALES
¿Qué es, entonces, lo que mantiene unidas a las parejas que llegaron al
altar sin amor y sin ilusiones, y que se mantienen sin ellos a través
del tiempo?
En una famosa clínica de orientación matrimonial, que se ha unido a un
grupo de investigadores de la conducta social del ser humano, en la
ciudad de Nueva York, se ha llegado a las siguientes conclusiones,
basadas tanto en el estudio histórico de muchas parejas famosas, como en
las entrevistas a centenares de parejas contemporáneas:
Un matrimonio sin amor puede llegar a ser sólido y feliz durante toda la
vida de los cónyuges, si éstos reúnen ciertas condiciones:
Pertenecen a la misma clase social, económica y cultural.
Tienen intereses muy semejantes: practican los mismos deportes,
pertenecen a los mismos clubes, tienen hobbies parecidos.
Tienen gustos parecidos en cuanto a ropa, viajes, comida, música, arte,
etcétera.
Sus amistades son casi las mismas.
Tienen un buen entendimiento sexual.
Aman a los hijos que llegan a tener.
Tienen valores morales y espirituales semejantes.
Saben divertirse juntos.
Ríen juntos a menudo.
Coinciden en metas y ambiciones para el futuro.
Cuando se reúnen todas estas condiciones, o la mayoría de ellas, estos
matrimonios pueden ser sólidos y felices. No hay la menor duda de que
entre ellos suele surgir un gran cariño, basado en la admiración y el
respeto mutuos. Pero es una emoción muy diferente al amor apasionado y
romántico con el que se unen muchas parejas y que suele irse esfumando
ante la presión de los problemas cotidianos.
LOS MATRIMONIOS ARREGLADOS
El éxito que han tenido muchos matrimonios “arreglados” por las familias
de los cónyuges estriba precisamente en que ellas buscaron muchas de
esas coincidencias que los psicólogos modernos consideran indispensables
para el buen entendimiento dentro de una pareja.
Esa lección debía servir a las parejas que se casan por amor. Ningún
amor, por apasionado y profundo que parezca en la etapa anterior al
matrimonio, resiste las presiones que éste produce, sobre todo cuando
hay grandes diferencias sociales, económicas, culturales, de carácter e
inclinación, entre los cónyuges.
Todos esos factores en los que coinciden los cónyuges son cimientos
sobre los que va fundándose un buen matrimonio.
En cambio, no lo son las fantasías, los ideales, las altas expectativas
que lleva consigo el amor. Por el contrario, cuando la cruda realidad
los va desmoronando, se desmorona con ellos el amor.
Sin embargo, las pocas parejas privilegiadas que tienen la fortuna de
tener el amor y las coincidencias, salpicadas con un alto grado de
comprensión mutua, son las que forman estos matrimonios que parecen
haber sido planeados en el Paraíso, por Dios mismo.
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