.Y luego regarla una sola vez con toda el agua que no recibió en esos
largos días de abandono: así sólo se conseguirá ahogarla y... ¡adiós plantita!
Igual es el amor: una tarea cotidiana de cuidados y atenciones a la persona que
se ama. Porque de nada vale aparecerse con un gran regalo o mil demostraciones
de cariño luego de haberse portado mal, sólo para volver otra vez a los malos
pasos y compensar de nuevo con otro regalo y mil besos más (¡y sale bastante
caro!)
La vida que comenzarán juntos no necesariamente será una eterna luna de miel,
pero tampoco tiene que ser una pesadilla constante. Habrá días de sol y días de
lluvia, pero si desde el principio comienzan a practicar reglas básicas para
mantenerse unidos, (casi) les garantizamos un matrimonio feliz... ¡para siempre!
Estos consejos nos los dieron algunas parejas que han estado juntas y felices
durante muchos años. Apréndanselos de memoria para que los apliquen, no sólo
ahora que comienzan, sino incluso cuando ya estén rodeados de nietos:
Aprendan a discutir.
Cuando surja un problema, no traten de culparse uno al otro. En lugar de
gastar esa energía tratando de ver quién gana, utilícenla buscando una solución
que satisfaga a ambas partes. De esta manera, la discusión se convertirá en algo
positivo que fortalecerá la comunicación de la pareja. Además, comparando las
opiniones de los dos, seguramente encontrarán una mejor alternativa que tratando
de imponer su voluntad. Recuerden que cuatro ojos ven más que dos. Conviértanse
en un verdadero equipo y no en contrincantes, porque quien gana o pierde es la
pareja, no el individuo.
Pasen algún tiempo juntos y algún tiempo separados.
No pretendan hacerlo todo como si fueran siameses. Concédanse un poco de
independencia para desarrollarse cada uno como persona. De este modo apreciarán
más el tiempo que pasen juntos y la relación se enriquecerá.
Expresen sus necesidades y sentimientos.
Si algo les gusta o les disgusta, ¡díganlo! No pretendan que el otro sea capaz
de adivinar los pensamientos.
Aprendan a escucharse.
Esto los ayudará a conocerse cada vez más.
Si uno de los dos está enojado, el otro debe mostrarse cariñoso y
comprensivo.
Díganse "te amo" cada vez que lo sientan (esta regla también se aplica a
aquellas parejas que llevan muchos años de casados).
Nunca pierdan el sentido del humor.
Hay pequeños detalles que no merecen ser tratados con seriedad. Una
carcajada sana en el momento preciso puede aliviar mucho las tensiones.
No discutan cuando estén alterados.
En esos momentos en que están dominados por la ira, lo más seguro es que no
expresen lo que realmente sienten. Es mejor esperar que se bajen los humos
(recurran al clásico contar hasta diez... ¡y sigan contando si es necesario!)
Jamás se acuesten a dormir enfadados.
Nunca dejen para mañana lo que pueden solucionar hoy. Acostarse enojados
implica llevar los problemas a uno de los recintos más sagrados del amor: la
cama. Y eso debe evitarse a toda costa.
Duerman abrazados.
Por último, pero no por eso menos importante, duerman siempre abrazados.
Después de encontrar una posición en la que ambos se sientan plenamente cómodos,
deben dormir lo más unidos posible. Verán como la ternura incomparable del sueño
se va a reflejar en toda la relación.