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Aunque el consumo derivado del uso de los aparatos de aire acondicionado, se
concentra, como es lógico, en los meses de verano y representa sólo el 1 por
ciento respecto al total en una oficina de tamaño medio, no por ello deben
descuidarse algunos aspectos que ayudan a reducir el consumo energético derivado
de su uso:
La regulación de la temperatura: por cada grado adicional que se desee bajar la
temperatura de la oficina, el consumo de electricidad, y por tanto, las
emisiones de CO2 pueden suponer un aumento de hasta el 10 por ciento. Para
oficinas, una temperatura adecuada está entre 23 y 25 ºC. Es importante regular
convenientemente las diferentes áreas. Así, pasillos, puestos de trabajo de
oficina o zonas de descanso no requieren de tanto "frío" como en puestos de
trabajo donde se realice actividad física.
Un equipo de frío adecuado a las necesidades reales: el sobredimensionamiento de
equipos de frío se traduce en un mayor consumo energético. Además, no se
obtienen las condiciones de confort idóneas. Por otra parte, según el IDAE, para
unas mismas prestaciones de frío, existen equipos que pueden consumir hasta un
50 por ciento menos, por lo que es muy recomendable informarse a la hora de la
compra sobre su clasificación energética y comparar consumos entre distintos
modelos.
La instalación de elementos aislantes como burletes, cristales dobles, etc.
puede ahorrar hasta un 10 por ciento tanto en verano como en invierno. La
colocación de toldos y elementos que bloqueen la entrada de rayos solares
permite ahorrar hasta un 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto
invernadero relacionadas con el uso de equipos de aire acondicionado.
Por otra parte, deben gestionarse correctamente los equipos de aire
acondicionado que han finalizado su vida útil. Muchos de ellos aún cuentan con
gases refrigerantes que dañan la capa de ozono o son gases de efecto
invernadero, como el R134a. Éste último tiene un efecto sobre el fenómeno de
cambio climático 1300 veces superior al CO2, lo que quiere decir que el efecto
de un gramo de este gas equivale al efecto producido por 1,3 kilos de CO2. Por
eso, cuando tengas que deshacerte de ellos, utiliza los puntos limpios de
recogida de residuos.