Ese amor, por el que todos brindan el día de la boda; pero que con el
paso del tiempo puede decrecer; en ocasiones no sólo a la vista de los
demás, sino también en la vida diaria de la desconcertada pareja.
Es un hecho que el amor en algunos casos crece y en otros, hasta desaparece.
¿Depende esto de la correcta elección de la persona o depende del mismo
amor? ¿Hay algo en el amor que así como lo amenaza, lo hace posible?
LA TERNURA ES EL MOTOR DEL AMOR
Estar juntos, enamorarse, crear una relación y alimentar el amor se
logra a través de las experiencias comunes en la pareja. Es esto -y no el
encanto de la atracción inicial- lo que hace durar el amor. La cercanía es
la que permite la duración del enamoramiento toda la vida; pero una cercanía
tierna.
La ternura es un sentimiento que sorprende y acaricia el alma.
Es el acto mágico que transforma lo cotidiano y rutinario en una experiencia
novedosa, es el aliento que mantiene vivo el amor.
La ternura en el matrimonio es hacerle saber al otro que lo necesitamos, que
es importante y que nuestro mundo estaría incompleto sin él o sin ella.
Quien recibe dosis de ternura se siente de repente como un ser único,
precioso y excepcional.
Por eso es importante aprender a detectarla para poderla recibir, agradecer
y corresponder.
La ternura necesita tiempo, imaginación, generosidad, y entrega, tanto de la
mujer como del hombre.
HAY QUE APRENDER A EXPRESARLA
Las formas de expresar la ternura dependen del carácter de cada uno. Los
extrovertidos la expresan libremente con palabras; mientras que los
introvertidos se contentan con una mirada, con la compañía; hay quienes
prefieren abrazos, besos y caricias; hay personas de una gran ternura a
quienes les cuesta demostrarla, pero eso no quiere decir que no la sientan.
Quizá la variedad de formas de expresarla no siempre está en relación con su
cantidad o calidad. Lo importante es que la persona amada perciba el calor
de la ternura. El que la da debe asegurarse de que su mensaje sea percibido
como un acto especial para el otro. Si no es así, deberá esforzarse en ser
más tierno o deberá hacerle ver al otro que está haciendo algo especial, no
en plan arrogante ni de reclamo, pero sí en un tono también tierno.
De esta manera, la pareja se está educando en el terreno de la ternura:
aprender a dar y recibir ternura.
Las expresiones de ternura necesitan un espacio en el matrimonio. Si vamos
de prisa por la vida no veremos la ternura y empobreceremos nuestra
relación. Hay que buscar niveles de comunicación que nos permitan convivir
en paz. Aceptar que cualquier gesto de ternura sirve de perdón.
PELIGROS QUE MATAN CUALQUIER INTENTO DE TERNURA
El resentimiento, el rencor y la frustración. El no perdonar y los
ajustes de cuentas. La autocompasión y el vivir anclado en el pasado.
Considerarla como sentimentalismo o debilidad. El silencio rencoroso durante
días, el no permitirle al otro tener voz y voto. Hacer un drama de algo sin
importancia. La indiferencia, el negativismo y el aburrimiento. La
intolerancia, las críticas dañinas y el complejo de superioridad.
LA TERNURA GENERA TERNURA
Cuando los cónyuges se olvidan de incluir la ternura en su relación,
crean un desierto afectivo. Olvidan que la ternura genera ternura; y que es
la única manera de utilizar lo mejor de ellos mismos.
La ternura genera amor; y el amor con amor se paga. Ambos son bienes que
nunca se malinvierten; hay que atreverse a derrocharlos.
Alguien ha dicho que el amor es eterno hasta que dura; pero no es el amor
quien muere, somos nosotros mismos.
El deterioro real de la relación se da por el comportamiento concreto de los
esposos; no ocurre porque sí, sino por la interacción entre ellos dos. El
que el amor disminuya es algo que nosotros hacemos y más concretamente que
nos hacemos. Hay que preguntarse si le falta vida a la relación amorosa, y
observar cómo anda el nivel de ternura.
Revisemos cómo amamos, con algunas palabras propias del amor: ternura,
admiración, tolerancia, respeto, devoción, consideración, sensibilidad,
lealtad, honestidad, comprensión...