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Sexo virtual
Cada vez son más los internautas que entran a ‘salas de chat’ que estimulan
las fantasías eróticas o les permiten hablar de sexo. De hecho, estos chats
han dado lugar a una nueva forma de expresión de la sexualidad: el
cibersexo, que puede definirse como la búsqueda del placer o de relaciones
de tipo sexual a través de la Internet.
Estos chats son foros donde muchas personas hablan y se relacionan. Si se
quiere intimar con alguien en concreto, se puede ‘hacer un privado’. En
algunos casos se sube el tono de las conversaciones y se puede llegar a
tener sexo (por supuesto, masturbación). Existe incluso la posibilidad de
ver la imagen del interlocutor a través de una pequeña cámara instalada en
la computadora, (la web cam).
Para entrar en uno de estos chats debes usar un ‘nickname’ (apodo). Si a
alguien le gusta tu nick, se acercará y comenzará el juego de la seducción.
Muchos entran a este tipo de chats por curiosidad y acaban enganchándose.
¿Te ha pasado a ti?
Amor virtual
Entre los consumidores de sexo virtual hay de todo: curiosos, hombres y
mujeres que visitan desde sus puestos de trabajo webs en busca de noticias
de sexo, internautas especializados en la búsqueda de pornografía (imágenes,
compra de objetos eróticos) y verdaderos aficionados a los chats de
contactos. Desde el trabajo o en casa, el anonimato es el mayor estímulo.
Y no sólo se demanda sexo, el amor también tiene cabida en la Red. Son
muchos los portales de contactos con intenciones matrimoniales. Los más
jóvenes saben mucho sobre ligar en la Internet y organizar citas a ciegas.
No son pocas las parejas que se han conocido en un chat, no necesariamente
subido de tono, y han acabado en una relación formal.
Son muchos los sentidos que se pueden deleitar a través del sexo virtual,
sobre todo la vista y el oído: desnudos, vídeos, cd-roms, películas y
fotografías en tres dimensiones, historias, gemidos...
Hablar con un desconocido a través de la Internet invita a la desinhibición
e incluso a la confesión de cosas, deseos y fantasías que jamás se dirían
cara a cara. Pero no puede olvidarse que lo normal es que nunca llegue a
establecerse contacto real entre quienes hablan, lo que acentúa el
sentimiento de soledad.
Los riesgos de la práctica
En la Internet no hay límites. En el sexo virtual tampoco. Se puede decir y
hacer todo. Por ejemplo, puedes practicar sexo (virtual) con un desconocido
o hacer cosas que en la realidad jamás harías. Esta libertad atrae a mucha
gente.
El problema llega cuando el usuario se engancha al sexo virtual. Pasarse
horas buscando material pornográfico o entrando en chats eróticos indica
algún tipo de problema psicológico, ya que el placer obtenido se convierte
en enfermizo, sobre todo cuando no se tienen relaciones reales fuera de la
pantalla de la computadora.
Reconocer que uno está enganchado al cibersexo es difícil, produce vergüenza
y resulta complejo identificar el problema. En mayor o menor medida todos
hemos participado en el negocio del sexo virtual, aunque sólo sea enviando o
recibiendo fotografías eróticas de nuestros amigos para divertirnos.
Negocio millonario
A diferencia de otros negocios en la Internet, la industria del sexo ha
encontrado en la Red una ‘mina de oro’. Las cifras hablan solas: mil
millones de dólares de beneficios el año pasado y se espera que los
resultados de tripliquen.
Existen más de 7,000 páginas de sexo gratuito y 28,000 páginas pagadas, y
cada año se abren ocho mil sitios más. Siete de las 10 palabras claves más
usadas para las búsquedas en el ciberespacio tienen que ver con sexo.
El nuevo medio lo tiene todo: bajo el costo de inversión, facilidad para
inaugurar nuevos centros (portales) y máxima discreción y relativo bajos
costos para los consumidores. Además de la comodidad de la ventaja de no
tener que ir al quiosco, a un sex-shop, ni tan siquiera llamar por teléfono.
El mundo del sexo a tu disposición sólo con encender la computadora. Y nadie
tiene por qué enterarse.
Entre las innovaciones más recientes hay una combinación de video y
conversación interactiva para, por ejemplo, hablar con una bailarina durante
30 minutos y pedirle los movimientos o contorsiones deseadas.
Lo último son los instrumentos que pueden usarse conectados a la Red, y que
reproducen las sensaciones que un cuerpo experimentaría con otro al lado si
estuvieran piel con piel. Curiosamente, el sexo en la Internet ha generado
algunos de los avances tecnológicos que más han favorecido el desarrollo
comercial en la red: vídeos interactivos, el concepto de pago por entrar, el
freno al uso fraudulento de tarjetas de crédito, administración de claves...