¿Lo descubriste viendo películas o fotos
triple X? No te espantes. La mayoría lo hace alguna vez. El asunto si
los aceptas o si es un hábito que terminará con la relación. Te damos
las pautas para evaluarlo.
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Son muchas las mujeres que alguna vez se han topado con un hombre que
guste de la pornografía. Y es que la mayoría de ellos ve o ha visto porno
con regularidad -pero no adictivamente-, lo que no a todas les gusta. El
asunto es ver cuáles son los pro y contras de esta conducta y cuánto puede
llegar a afectarlos como pareja.
¿Vía de excitación o de sanción?
La pornografía es esencialmente un elemento de incitación sexual, una
presentación de materiales de diverso tipo –libros, películas, fotos,
revistas- que buscan excitar por sí sola.
La vida sexual puede ser un fenómeno en el cual uno canalice y proyecte
varios de los aspectos personales, pero también de la vida en el contexto de
lo social. De esta manera, hay cosas, actividades y placeres, que algunos
los prefieren experimentar de distintas maneras y en un diferente contexto
social. Así un catador de vinos puede gustar de paladear sólo un varietal o
puede disfrutar hacerlo acompañado de conocedores y/o de amigos.
No escapa a esto la vida sexual en la que aparte de la práctica de un acto
sexual hay una infinita variedad de posibilidades de expresión. Una de ellas
es cómo manejamos nuestras fantasías. Al igual que el vino, el alcohol puede
ser motivo de un profundo conocimiento pero también lo puede ser de una
patología. En las diversas fantasías sexuales ocurre lo mismo”, dice el
sexólogo Enrique de Rosa.
El experto añade: “La imágenes pornográficas, el coleccionista de Internet,
el que baja sin cesar películas, lo hemos visto en otras oportunidades al
hablar de adicción al sexo. Esto, sin embargo, tiene como único destino la
patología o ¿puede ser otra cosa? Al igual que en la metáfora anterior, el
medio y el objeto no son los a evaluar de manera moral, buenos o malos, sino
la forma que le damos a ellos. Entonces creo que en este caso, la pareja en
lugar de sentirse rechazada o preocupada, puede usar eso dándolo vuelta para
interesarse en lo que su pareja está haciendo y de una manera lúdica
comenzar a ver el fondo de la cuestión, que no es una imagen retocada, sino
su propia y personal sexualidad. Y que, por cierto, no tiene prohibido
mostrarla, sino todo lo contrario, tiene una persona al lado dispuesta a
ayudarlo a llevar a cabo”.
A favor o en contra Si bien hay algunas mujeres que no soportan la pornografía por
encontrarla humillante o vejatoria –lo que respetamos-, existen otras que sí
les gusta o que tienen el interés de adecuarse a este gusto tan particular
de su pareja. Para ellas van estos consejos de cómo adaptarlas positivamente
a sus vidas.
Súmala a los elementos que estimulan y enriquecen tu vida sexual. Esta puede
ser una buena herramienta de incentivo y excitación más instantánea para
aquellos días en que el tiempo es poco y el cansancio es mucho.
Puede ser una fuente de información. Independiente de que algunas imágenes
puedan exagerar o vulgarizar un acto sexual, pueden ayudarlos a entender
cómo se puede realizar prácticas como el sexo oral y el anal, por ejemplo.
Despiertan la imaginación. A veces, cuando la vida sexual se ha transformado
en monotonía, la pornografía ayuda a romper ese estado y empujarlos a
realizar cosas nuevas, más atractivas.
Orienta acerca de caricias y posiciones. Pueden instarlos a aprender sobre
el cuerpo del otro, sus zonas erógenas, las caricias que requiere e incluso
acerca de posiciones sexuales que tal vez no se habían animado a probar.
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Advertencia Si bien planteamos la pornografía como elemento externo de ayuda a la
vida sexual, es necesario hacer hincapié en algunos puntos contrarios.
Nadie te puede obligar a ver pornografía si no es de tu agrado. Defiende tu
derecho.
Como todo, la exposición repetida a la pornografía puede producir el efecto
contrario, es decir, aburrimiento. Por lo mismo, su efectividad como
estímulo sí baja gradualmente.
La pornografía puede estimular la vida sexual de la pareja, pero sólo si
ambos están abiertos a ello y desean hacerlo. No actúa por sí sola, sino que
debe haber intención de mejorar.
No todo lo que muestra la pornografía debe realizarse en la vida real o debe
gustarle a la pareja. Muy por el contrario, siempre debe conversarse acerca
de lo que gusta o no sexualmente hablando. El respeto y comunicación aquí es
fundamental.
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