Todos lo hemos hecho alguna vez. Recibimos un encargo importante, un trabajo
que debe estar terminado sí o sí para un fecha determinada (que no puede ser
cambiada por nada, a menos que queramos hacer un desastre de nuestra
carrera, estudios o lo que corresponda) y, sin embargo, no nos ponemos a
trabajar inmediatamente.
Haz click en la bandera de tu país
para bajar tus tonos, logos, juegos
etc.
Empezamos a dar vueltas, perdiendo el tiempo de todas las formas posibles,
diciéndonos a nosotros mismos que tenemos tiempo, que es un trabajo que se
puede hacer en un par de horas y tenemos días (adaptar las cantidades de
tiempo al caso particular) o que ni bien terminemos con algo que estamos
haciendo (normalmente no tan importante como nuestro proyecto) nos pondremos
a trabajar y de una sola vez lo terminaremos, esforzándonos un poco más y
quedándonos hasta la hora que sea necesaria.
Algo que después, sí seguimos en la tónica en la que venimos, tampoco
haremos. Y así, con esta serie de excusas y pretextos, mintiéndonos a
nosotros mismos, terminamos llegando al último día posible y solo nos
ponemos a trabajar cuando ya no nos queda otra posibilidad más que
hacerlo... o afrontar el tener que confesar que no lo hicimos.
Las causas para esta actitud pueden ser muchas. Hay quienes simplemente lo
hacen por pereza, por no tener ganas de hacerlo, como si por dejarlo para
más adelanta el trabajo fuese a desaparecer, cuando, en realidad, lo mejor
es sacárselo de encima lo más pronto posible, para después sí poder
dedicarse a hacer otras cosas más agradables, o simplemente a descansar.
Por otro lado, hay quienes aseguran que trabajan mejor bajo presión, que
cuando tienen menos tiempo y están más desesperados es cuando mejor trabajo
hacen y más fácil les resulta, que disfrutan de la adrenalina que trae el
estar al límite del tiempo y necesitando hacer todo a toda velocidad para
evitar los problemas que le pueda traer el fallar en entregar el proyecto.
Estas personas suelen también decir que no pueden enfocarse en el trabajo,
concentrarse, a menos que estén sobre el filo de la navaja.
Finalmente, hay quienes dejan todo para el final por que los cansa de
antemano el enfrentarse a un trabajo sin empezar, que hasta sienten miedo de
ese momento en que deben sentarse y ver todo el trabajo que hay por hacer y
que todavía no se ha comenzado. Entonces, para evitarse ese sufrimiento, lo
dejan para más adelante.
Exactamente igual que en el caso de quienes simplemente no tienen ganas de
hacer el trabajo que les ha sido encomendado, estas personas no se dan
cuenta que lo mejor es hacerlo rápido y sin dejarse tiempo antes de comenzar
para pensar lo malo que puede llegar a ser ese momento del comienzo. Esto
hace que todo sea más rápido y, principalmente, mucho menos doloroso.
Velocidad y Calidad
De las posibilidades que dimos anteriormente, la más compleja y difícil de
dejar de lado sea probablemente la segunda, ya que quienes se plantean que
trabajan mejor bajo presión, que les resulta más fácil tener todo listo
cuando se sientan a hacerlo con poco tiempo y la necesidad de terminarlo;
difícilmente supongan que no están haciendo las cosas de la mejor forma
posible, ni se cuestionen si tal vez deberían terminar con esta manera de
hacer las cosas.
Pero lo cierto que aun estas personas que dicen necesitar de una fecha
limite, de jugar en el borde del último momento, deberían hacer un esfuerzo
por analizar si realmente les conviene esto, si es cierto que trabajan mejor
de esta forma o si, en realidad, es que es la única forma en que están
trabajando, por lo cual no tienen una forma de comparar y ver cómo sería su
trabajo si le hubiesen dedicado el tiempo y el esfuerzo necesarios; si no
hubiesen tenido que hacer todo velozmente y de la forma en que primero les
salió.
Porque el gran cuestionamiento que deben hacerse es si realmente están
haciendo el mejor trabajo posible, si están dando todo de si mismos, o si
simplemente están haciendo lo que pueden en el poco tiempo que les queda,
cambiando calidad por velocidad.
Es muy probable que si se hacen este planteamiento, descubran que
probablemente podrían hacer un trabajo mucho mejor si realmente le dedicasen
el tiempo necesario. Que no es que bajo presión su cerebro funciona mejor,
sino que en realidad no le están dando chances de demostrar cómo podría
funcionar si le diesen tranquilidad y tiempo.
O sea, aceptamos que es muy probable que bajo presión el trabajo se termine
más rápido, pero esto se debe simplemente a que no hay otra forma de
trabajar que no sea a toda velocidad, si queremos terminar a tiempo, no a
que la presión nos haga increíblemente inventivos y saque todo lo mejor de
nosotros. Esto suele ser una falacia.
En general, no será que hemos terminado el trabajo porque no hay nada más
que hacer o porque ya hemos dado todo de nosotros y realmente no tenemos
nada más que agregar, sino que hemos terminado el trabajo porque, nos guste
o no, no tenemos tiempo de hacer nada más.
Ya está, tenemos que entregar y no podemos mejorarlo de ninguna forma, así
que sólo podemos conformarnos con lo que tenemos y seguir con otras cosas.
Es muy probable que no hayamos podido darle los toques finales, que los
detalles y la terminación sean, como mínimo, un tanto groseros y hechos a
las apuradas. Si es que hemos podido hacer algún tipo de terminación.
En realidad, lo que hemos hecho es agrupar, amontonar, un montón de cosas,
sin tomarnos el tiempo de darle el orden y los detalles que lo hacen
especial.
Y encima nos hemos estresado, hemos sufrido de nervios innecesarios, de la
sensación espantosa de que no hay forma de que lleguemos a tiempo, nos hemos
desesperado y ni siquiera hemos conseguido un resultado que lo valga.
--- Publicidad-----
Soloellas - - La Internet de la mujer
Pensemos en todo esto y nos daremos cuenta que, aun si somos de aquellos que
afirman que la presión los favorece, tratar de combatir la necesidad de
dejar las cosas para el último momento puede redundar en una mejora en
nuestro trabajo, en nuestra actitud hacia las cosas que debemos hacer y
hasta ayudar a mejorar la forma en que nos sentimos.
En el beneficio general que podemos obtener se va a reflejar en todo lo que
hacemos e indudablemente ayudará a que nos demos cuenta de que no estábamos
haciendo las cosas de la única y mejor forma posible.
Además, el dejar todo para el último momento agrega un importante componente
de riesgo, ya que, como dijo Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal.
Y si estamos trabajando con la soga al cuello y el reloj contando los
últimos segundos, no tendremos demasiado (o ningún) tiempo para solucionar
el problema y probablemente terminaremos en un problema mucho mayor.
Porque todos sabemos que las computadoras son entes malignos que se cuelgan
en los peores momentos y que si tenemos que entregar papeles estos
seguramente se nos arruinarán de alguna forma. O nos olvidaremos de algo
vital que debíamos hacer a último momento.
Todo esto agrega estrés a nuestra situación. Y no solo eso, sino que genera
que terminemos tan cansados (física y mentalmente) que el próximo encargo
que tengamos también lo dejaremos para último momento, porque estaremos
recuperándonos del anterior.
Como vemos, todo esto resulta en un circulo vicHaz clic aquí para conocer
todas las técnicas para combatir el mal de dejar todo para después, y
comenzar a sacar lo mejor de nosotros mismos:
- Combatir el mal hábito
- Examen de nuestras habilidades
- El método de la partición
- La ayuda de la tecnología
- Pautas de organización
- El autoconvencimiento positivo
Publicidad Soloellas - - La Internet de la mujer
Nota: Las páginas se abrirán en una nueva ventana. | Los enlaces a los
sitios no implican un reconocimiento por parte de Soloellas.com:: Mujer - Soloellas - La Internet de la Mujer - Soloellas.com