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Muy diversos estudios, realizados por organizaciones
Internacionales, universidades e institutos de investigación en todo el
mundo, coinciden en señalar que los niños son el sector más sensible a los
riesgos comunes de la producción convencional.
Por ser pequeños, la relación de ingesta de residuos potencialmente tóxicos
por kilo de peso corporal es mucho más alta que en los
adultos. Además, los distintos sistemas de su organismo están en pleno
desarrollo y es cuando son más sensibles a la falta de los
nutrientes básicos, especialmente los bebés en gestación, durante los meses
de embarazo y los recién nacidos en la lactancia, cuando
dependen de la buena nutrición de mamá.
Una de las características de los productos orgánicos que ha merecido más
atención es la ausencia de residuos de hormonas,
comúnmente utilizadas para estimular artificialmente el crecimiento y la
producción animal. Preocupan a los expertos las potenciales alteraciones en
el delicado balance bioquímico de los organismos en desarrollo, cuyas
consecuencias pueden distorsionar los ritmos naturales de crecimiento y
producir anomalías en relación a la maduración sexual, como ha ocurrido ya,
en proporciones alarmantes, en algunos países desarrollados.