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¿Cuántas
veces hemos visto en las pantallas las historias de amor donde al final
viven felices para siempre? Pero, ¿qué es ese final feliz que termina con un
romántico beso? Más bien es el principio de una relación que nunca nos dicen
cómo va.
¿Qué se necesita para que ese final feliz sea realmente un inicio feliz?
Pues TODO y todo es mucho más que amor.
Cuando uno decide que quiere tener una vida en pareja pocas veces nos
ponemos a pensar que las cosas son más que una cena romántica, una palabra
de amor o una mirada de pasión; pensamos que podemos crear nuestra historia
de amor digna de Hollywood. Y, ¿qué ingredientes se requieren para esto?
En nuestra vida nos tenemos que convertir en el guionista, director,
productor, estrella principal y también en estrella de reparto. ¿Por qué?
Porque no tenemos a alguien que nos diga qué sigue al día siguiente ni quien
nos dirija la vida en común ni financie esa vida; somos protagonistas de
nuestra propia historia.
Lo simpático es que así como nosotros hay infinidad de parejas escribiendo
su historia con la misma idea de que sea una novela de amor, romántica, rosa
y eterna.
¿Qué pasa cuando nuestra voluntad choca con la de esa persona que será
nuestra coestrella en dicha historia? ¿Estamos seguros que sabemos hacia
dónde queremos dirigir nuestra historia?
No siempre tenemos la respuesta y no siempre nos hemos sentado a platicar
con nuestra media naranja sobre lo que queremos de nuestra vida, de su vida
con nosotros y de nuestra vida como pareja. Craso error.
En las películas siempre hay un argumento que se convierte en guión, y luego
en la historia que se lleva a la pantalla, por supuesto en muchos casos se
van haciendo correcciones en el camino de la filmación, pero SIEMPRE existe
un argumento. Eso es precisamente lo que nosotros tenemos que hacer;
platicar con nuestra pareja sobre el futuro.
Durante el noviazgo se va escribiendo el guión de nuestro matrimonio, para
que podamos saber qué es lo que cada uno de nosotros espera de su propia
vida y de la vida del matrimonio. Por ejemplo, el número de hijos, el tipo
de ropa de cama, de comida, de diversiones, los gastos, nuestras profesiones
y nuestro tiempo.
A veces el noviazgo lo tomamos como simple requisito para el matrimonio y no
pensamos que durante ese tiempo tenemos que reflexionar si en verdad esa
otra persona es la que queremos para coestrella de nuestra historia de amor.
Pasamos el tiempo en la pachanga y nunca ahondamos en lo importante. Después
de la maravillosa Luna de Miel nos damos cuenta que el peludo (a) que
tenemos al lado no es el príncipe (a) del cuento, sino sólo un ser humano,
¡y que además ronca!, hace ruido al comer, no se lava los dientes al
levantarse, fuma demasiado o quizá habla cosas que uno preferiría no
escuchar.
Momento de pánico. “Ya me equivoqué”, “no era lo que yo pensaba”, “¿qué
hice?”, “¿habrá solución?”. Casi siempre la hay.
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¿Por qué no en vez de estar sentados viendo películas hablamos de nosotros?
Las palabras son nuestras mejores amigas para conocer a una persona y para
que esa persona nos conozca, entre más hablemos de nosotros más se animara
nuestra contraparte a hablar de ella, con esto podremos comenzar un
argumento y cambiarlo tantas veces como sea necesario.
Lo mejor es imponer una comunicación abierta, plena y total, que nos lleve a
la confianza, al conocimiento y al entendimiento de que lo que estamos
haciendo lo hacemos con la convicción de que nuestra historia de amor
trascenderá nuestra vida y será un ejemplo de una buena relación. ¿A poco no
a todos nos encanta que nos tomen de ejemplo? Pero buen ejemplo, no que
digan “que no te pase como a ellos”.
Obviamente se tienen que hacer adecuaciones en el camino, las cosas no
siempre salen como se planean y entonces sí tenemos que improvisar, pero
siguiendo una línea, intentando ser coherente con nosotros mismos y con las
cosas que dijimos desde un principio.
Por ejemplo si nos proponemos una meta quizá no la podamos lograr en el
tiempo que pensamos que lo íbamos a hacer, pero no por eso la vamos a
aventar por la ventana, habrá que tomar otras medidas o caminos para llegar
a dicha meta. OJO siempre en conjunto, platicando llegando a un acuerdo.
Cuando tomamos decisiones sin consultar (no dije pidiendo permiso, ¿estamos
de acuerdo?) puede resultar más caro el caldo que las albóndigas y, ¿para
qué gastar nuestro esfuerzo en algo que nos acarreará problemas?
En el matrimonio no es muy recomendable eso de “más vale pedir perdón que
pedir permiso”, eso es cosa de chiquitos. Para que nuestra historia sea en
verdad una historia de amor, tenemos que tener comunicación, buena
educación, paciencia y tolerancia (esto también se va dando en el noviazgo).
Y antes de comenzar con la filmación (entiéndase matrimonio) debe uno
ponerse a pensar qué puntos de mi vida son sumamente importantes y qué nunca
le he platicado. Qué cosas de mi persona son indispensables (aunque no le
gusten a la otra persona) para que pueda seguir siendo yo y cómo poder
llevarlas en el barco, sin que haga que se hunda.
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