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El
tradicional vestido blanco de la novia simboliza virginidad y pureza,
valores que se presupone debe tener la mujer que está próxima a casarse y a
formar una familia.
Esta costumbre comenzó en el siglo XVI, con la Reina Victoria, quien escogió
casarse de blanco en vez del tradicional plateado con el que se acostumbraba
casar la realeza. El plateado suena padre, ¿no te parece?
Mucho antes de eso, en el siglo XIX, para la novia de clase media era más
práctico vestir de colores oscuros en lugar de los claros. La principal
razón era la económica. Una novia común optaba por un vestido que también
pudiera usar en otras ocasiones especiales.
De todos colores:
Antes de que se expandiera la tradición del vestido blanco, las
novias elegían su atuendo de acuerdo a su preferencia, y existían ciertas
creencias sobre los colores como las que siguen:
En Azul: Significaba que el amor siempre
iba a ser verdadero.
En Perla: Significaba que vivirías un
remolino de sentimientos.
En Café: Era que siempre vivirías en el
pueblo donde radicabas.
En Rojo: Era cuando la novia deseaba su
propia muerte.
En Amarillo: Significaba sentir pena por
quien la desposaba.
En Verde: Se pensaba que tenías pena de
ser vista, aunque este color tuvo muchas connotaciones, ya que para los
Irlandeses, era el color tradicional, pero para otras culturas, casarse en
verde significaba promiscuidad.
En Rosa: Significaba que tu espíritu se
hundía.
En Gris: Era un hecho que te irías muy
lejos.
En Negro: Era que deseabas regresar, luego se empezó a considerar de
mala suerte.
Actualmente hay variaciones de color en cuanto al vestido blanco, como el
famoso y súper común tono ivory, el marfil y el beige claro y esto, claro
que perdurará por mucho tiempo.
Interesante, todo esto de los colores, ¿no te parece?
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